MICHELE SINGER, LA MUJER POR LA QUE ROB REINER CAMBIO EL FINAL DE "CUANDO HARRY ENCONTRÓA A SALLY".
La noticia cayó como un golpe seco en la industria del cine: Rob Reiner y su esposa, Michele Reiner, habían sido hallados sin vida en su domicilio de Brentwood, en Los Ángeles, víctimas de un asesinato violento que aún investiga la policía. El estupor inicial dio paso, casi de inmediato, a una oleada de conmoción y tristeza que recorrió Hollywood y se extendió por las redes sociales, donde colegas, cinéfilos y admiradores comenzaron a despedir a uno de los cineastas más influyentes del cine comercial de los años ochenta.
En esos mensajes de condolencia se repetían una y otra vez los títulos que definieron su legado: la sátira irreverente de This Is Spinal Tap, la melancolía iniciática de Cuenta conmigo, el espíritu aventurero de La princesa prometida o la sofisticación emocional de Cuando Harry encontró a Sally. Películas que, más allá de su éxito, supieron conectar con varias generaciones y marcar una forma de entender el entretenimiento hollywoodiense.
Sin embargo, fue precisamente Cuando Harry encontró a Sally la obra que terminó por entrelazar de manera inseparable la vida personal y la filmografía de Reiner. A finales de los años ochenta, el director atravesaba un momento profesional extraordinario, convertido en un autor de enorme prestigio dentro de la industria. En lo íntimo, en cambio, aún pesaba el divorcio de Penny Marshall, con quien había compartido una década de matrimonio y de quien se había separado en 1981.
Esa larga etapa de soltería fue el germen creativo de la película. Reiner se cuestionaba entonces cómo se construyen las relaciones afectivas, dónde empieza la amistad y qué ocurre cuando el deseo irrumpe en ella. Años más tarde recordaría esas dudas en una entrevista, explicando cómo aquellas reflexiones acabaron trasladándose al guion que escribió Nora Ephron. La guionista convirtió esas conversaciones en material dramático, mezclando las experiencias de ambos y dando forma a unos personajes que eran, en buena medida, un reflejo directo de sus propias inquietudes.
Lo que nadie podía prever es que la historia aún no había terminado de escribirse. Durante la producción del filme, Reiner conoció a Michele Singer, fotógrafa, con quien iniciaría una relación que avanzó con rapidez. Se casaron en 1989, el mismo año en que la película llegó a los cines, y ese enamoramiento tuvo un efecto decisivo sobre la obra.
El final original del guion era amargo, con Harry y Sally tomando caminos separados. Pero el director, profundamente marcado por el momento vital que estaba atravesando, ya no se reconocía en esa conclusión. Decidió entonces cambiarla y regalar a sus personajes el final feliz que él mismo estaba viviendo. No fue un gesto de complacencia, sino una traslación directa de la realidad al cine, algo que Reiner siempre reconoció abiertamente.
Así, una de las comedias románticas más influyentes de la historia terminó siendo también el testimonio de un encuentro decisivo. La vida transformó la película, y la película, a su vez, acabó influyendo en la vida sentimental de miles de espectadores que vieron en Harry y Sally la confirmación de que, a veces, la amistad puede ser el primer paso hacia algo más.
Hoy, mientras se intenta esclarecer el trágico final de Rob y Michele Reiner, permanece intacto ese legado: el de un cineasta que supo convertir sus dudas, sus heridas y sus hallazgos personales en historias capaces de acompañar a toda una generación.

Un lamentable final para ambos el que han vivido en sus vidas. Si los Hackman fueron hallados muertos en su casa, ahora han sido por un motivo muy diferente los Reiner. Hechos que no deberían pasar. En fin, siempre hay desalmados en la vida que no dudan en hacer el mal sin ningún tipo de escrúpulos.
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