DICK VAN DYKE, HOY CUMPLE 100 AÑOS.

 DICK VAN DYKE, HOY CUMPLE 100 AÑOS.


Cumplir cien años suele ser una cifra solemne; en el caso de Dick Van Dyke, apenas parece una anécdota más dentro de una vida desbordante de energía, humor y resistencia. A sus puertas centenarias, el actor continúa proyectando una vitalidad que desarma cualquier tópico sobre la edad, como si el tiempo hubiera decidido avanzar a otro ritmo cuando se trata de él.

No ha sido, ni mucho menos, un trayecto exento de obstáculos. Durante décadas convivió con hábitos poco amables para la salud, atravesó problemas serios con el alcohol y mantuvo una relación intensa con el tabaco. A ello se suman dos accidentes de tráfico que, en cualquier otro caso, habrían marcado un antes y un después: uno especialmente grave en 2013, cuando su vehículo se incendió tras el impacto y fue rescatado in extremis por un testigo, y otro diez años más tarde, ya con 97 años, del que salió ileso y sin necesidad de hospitalización. Episodios que, lejos de quebrarlo, parecen haber reforzado su inquebrantable optimismo.

Ese espíritu vital ha sido siempre una de sus señas de identidad. Van Dyke nunca recibió formación académica como bailarín y, sin embargo, comenzó a bailar pasada la treintena para acabar firmando algunas de las coreografías más icónicas del cine familiar. Bert, el deshollinador de Mary Poppins, o el inolvidable carisma desplegado en Chitty Chitty Bang Bang y en El show de Dick Van Dyke, junto a Mary Tyler Moore, son prueba de una naturalidad que parecía brotar sin esfuerzo, como si el cuerpo entendiera el ritmo antes que la mente.

Su relación con la interpretación comenzó mucho antes de la fama. El primer papel de su vida fue el Niño Jesús en una función navideña en una iglesia, una imagen casi simbólica para quien acabaría encarnando la alegría como pocos. La televisión le abrió las puertas en 1956 con Joe & Mabel, cuando ya había cumplido los 31 años, y el cine llegó más tarde, en 1963, con Un beso para Birdie. Aquel debut precedió al título que marcaría su carrera, pese a las reticencias iniciales de la autora de la novela original, que no lo quería ni a él ni a Julie Andrews para Mary Poppins. Walt Disney ignoró aquellas objeciones, y el tiempo terminó dándole la razón.

Décadas después, Van Dyke regresó a ese universo en El regreso de Mary Poppins, cerrando un círculo perfecto al interpretar tanto a Bert como al señor Dawes. Entre medias, reconocimientos como su estrella en el Paseo de la Fama, descubierta en 1993 con un error tipográfico en su apellido que él resolvió con una sonrisa y un bolígrafo, trazando una simple línea para separar las palabras. Una reacción que resume bien su carácter: humor intacto, cero dramatismo y una elegancia natural ante lo imprevisto.

Hoy, cuando se le ve bailar de nuevo, aparecer en un videoclip de Coldplay o saludar al público con la misma sonrisa de siempre, queda claro que la frase que él mismo repite no es una pose: la vida ha sido buena con Dick Van Dyke. Y quizá también él ha sido extraordinariamente generoso con la vida. En su caso, llegar a los cien no es una meta, sino apenas otro paso más en una carrera que siempre ha sabido moverse al compás de la alegría.



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