EL CINE DE LOS AÑOS 70
ORGÍA DE SANGRE (1972)
REPARTO: JOSEPH COTTEN, ELKE SOMMER, MASSIMO GIROTTI, RADA RASSIMOV, ANTONIO CANTAFORA, UMBERTO RAHO, LUCIANO PIGGOZI, DIETER TRESSLER, GUSTAVO DE NARDO, VALERIA SABEL, IRIO FANTINI
DIRECTOR: MARIO BAVA
MÚSICA: STELVIO CIPRIANI
PRODUCTORA: EURO AMERICA PRODUZIONI CINEMATOGRAFICHE
DURACIÓN: 98 min.
PAÍS: ITALIA, ALEMANIA
Bava nunca fue un director previsible, pero en esta ocasión su talento parece extraviado entre los pasillos del propio castillo que filma. En lugar de recurrir a su habitual virtuosismo atmosférico, ese horror de sombras, velos y sugestiones que dominaba como pocos, el maestro italiano opta aquí por el desmadre puro: un barón resucitado que persigue a todo el que se cruza en su camino y una heroína que, lejos de aportar inteligencia o temple, se limita a gritar hasta la exasperación. La secuencia en la que el barón la acorrala podría haber sido una muestra de tensión o erotismo gótico; sin embargo, se transforma en una comedia involuntaria, rematada por el absurdo de un rescate fugaz que desemboca, increíblemente, en dejarla otra vez sola ante el peligro.
A ese nivel de sinsentido se mueve la película. Bava, visiblemente cansado tras la cámara, rueda sin pasión ni pulso, mientras Joseph Cotten, aún más agotado, deambula con gesto de resignación por un argumento que ni él parece entender. Su personaje —un comprador de castillos con intenciones dudosas— queda atrapado en una trama de deducciones torpes y revelaciones que rozan el ridículo, como si el guion se empeñara en probar su propia incoherencia. Los policías, impotentes, giran en círculos; la médium, que podría haber aportado misterio, apenas aparece; y los protagonistas entran y salen de escena como si hubieran perdido el plano de rodaje.
Las preguntas se acumulan: ¿para qué sirve la niña que solo enuncia obviedades?, ¿qué lógica rige las apariciones del barón?, ¿por qué todo parece improvisado? Ni siquiera las soluciones finales —tan precipitadas como absurdas— logran sostener el conjunto. Y pese a lo que promete el título traducido, no hay “orgía de sangre”, apenas unos asesinatos dispersos y un par de momentos inspirados, entre ellos la invocación de la bruja, única secuencia que recuerda al verdadero Bava. Aun así, la película conserva un extraño magnetismo.
En su caótica torpeza hay algo que fascina, una especie de testamento involuntario del cambio de era: el gótico clásico chocando con la inminente ola del slasher. Aquella desconcertante Reazione a catena fue, al fin y al cabo, la semilla de un nuevo horror —el moderno, el sangriento, el urbano—, y aunque naciera de un rodaje plagado de problemas y de un director agotado, su locura aún late como un eco indomable del cine que estaba por venir.


No es la mejor pelicula de Mario Bava, pero si es un producto bastante decente con algo de suspense, aunque te lo ves a venir.
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