LA FRASE QUE REVELA EL CARACTER DE JOHN FORD.
A lo largo de su vida, John Ford obtuvo la distinción, el apodo o la fama de ser uno de los cineastas más influyentes y notables en la historia del cine, destacándose como uno de los más delicados o líricos, así como uno de los que ha capturado de manera más efectiva, como indicaría Garci, “la melancolía del tiempo y la vida que se extingue. ” Sin embargo, él, cuya personalidad era agria y propensa a la ira, despreciaba—y continuaría menospreciando hoy en día—tales designaciones.En el trabajo realizado por Peter Bogdanovich en el que lo entrevistó, quedó claro que siempre desestimó categorizaciones como artista, maestro o narrador, dando prioridad a la cinematografía como un esfuerzo colaborativo, desdeñando el reconocimiento personal. Con el paso del tiempo, cada afirmación de Ford pareció indicar que era una persona solitaria con un temperamento complejo, que se burlaba tanto del mito del Oeste como de sus actores, a quienes disfrutaba atormentar durante las filmaciones.
No obstante, varias anécdotas revelan la verdadera naturaleza del director, quien en diversas ocasiones mostró un comportamiento benevolente hacia los demás. Una de las historias que mejor ejemplifica esta dualidad entre la leyenda y la realidad se refiere al apoyo que otorgó a un trabajador, esfuerzo que trató de mantener en la intimidad, aunque años después su hijo, Patrick Ford, lo hizo público.
Durante un rodaje que las distintas biografías del cineasta no logran corroborar completamente, un obrero se acercó a Ford para plantearle una solicitud personal. Temblando y avergonzado, le pidió al director que le prestara 200 dólares, ya que carecía de recursos para costear una operación necesaria para su esposa, y no conocía a nadie que pudiera proporcionarle esa suma.
Según relatan sus biógrafos, Joseph McBride y Scott Eyman, el cineasta reaccionó de manera colérica, exigiendo que se expulsara del set a aquel hombre que se había rebajado a solicitar dinero, además de reprocharle por interrumpirlo con un asunto personal que no le concernía en lo más mínimo. Sin embargo, ese mismo día, Ford llamó a su asistente y le ordenó: “Contacta a la esposa de ese necio y encárgate de cubrir los costos de la operación y las facturas del hospital. Pero que ese idiota nunca se entere de que fui yo quien pagué la intervención de su mujer. Dile que se trata de un pago del estudio o que ha ganado el dinero en una rifa, me da igual, ¡pero que jamás sepa que el dinero provino de mí! ”
A través de este acto de generosidad, Ford contribuyó a salvar la vida de esa mujer, al mismo tiempo que mantenía su imagen de hombre severo y temperamental, que ante una solicitud pública de ayuda reaccionaba con frialdad y desdén.
En otra ocasión, intentó, sin éxito, ocultar su naturaleza generosa. Era el año 1945 y Ford dirigía No eran imprescindibles, su primer largometraje de ficción después de haber servido como oficial en los servicios cinematográficos de la Marina durante la Segunda Guerra Mundial. Esta película, que homenajea el honor y la valentía de una compañía estadounidense en la campaña del Pacífico, lo impactó profundamente. De hecho, el cineasta donó la totalidad de su salario, que debió ser considerable considerando que se trataba de una producción de Metro Goldwyn Mayer, a un fondo destinado a la rehabilitación y apoyo de los veteranos de la Field Photographic Unit, OSS, unidad que él mismo había comandado durante el conflicto y que había sufrido numerosas bajas.
Este acto altruista, registrado en las biografías de McBride, Eyman y también en la de Tag Gallagher, no permaneció en el anonimato, ya que eventualmente se filtró y fue reportado en el Hollywood Reporter, lo que provocó una profunda ira en el director. Sin embargo, con el paso del tiempo, han surgido diversas narrativas que evidencian cómo Ford aseguraba que ciertos actores secundarios de la era del cine mudo, quienes no lograban adaptarse al contexto del cine sonoro, siguieran trabajando en sus producciones. Entre ellos se encontraba su hermano Francis, así como el notable incidente en el que el actor Ward Bond, quien participó en más de veinte películas bajo su dirección, se fracturó una pierna durante el rodaje de una de ellas. En respuesta, Ford instruyó reescribir las escenas para que Bond pudiera interpretarlas sentado, permitiéndole así recibir su salario completo. Otra anécdota relata que durante la filmación de La legión invencible, la producción enfrentó dificultades financieras que dejaron a varios técnicos sin recibir su salario semanal; en consecuencia, el cineasta cubrió la diferencia con su propio dinero y organizó cenas en la cantina del rodaje para todo el equipo en diversas ocasiones.
De esta forma, aquel creador incansable, ese narrador poético excepcional, único en la historia del cine, prefirió ser visto como un tirano colérico antes que como una persona de notable sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno. En resumen, el auténtico padre del wéstern siempre priorizó la prevalencia de la leyenda.

Todos los genios tienen sus rarezas.
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