ELIA KAZAN, EL DIRECTOR DE HOLLYWOOD QUE DELATO A SUS COMPAÑEROS COMUNISTAS EN HOLLYWOOD.
Si existe un director que ha estado marcado por la controversia, ese es Elia Kazan. Nacido en Turquía, pero de ascendencia griega, su nombre siempre estará inherentemente relacionado con la historia del cine. Esto se debe, en primera instancia, a que fundó el Actor’s Studio y, en segunda instancia, a que fue el director de algunas de las películas más significativas de la década de los 50, como Un tranvía llamado deseo y La ley del silencio.Sin embargo, Elia Kazan será recordado principalmente por otra razón que tiene más relación con la política que con el cine.
Examinando sus estudios en Yale, el director inició su carrera en el ámbito del espectáculo como intérprete. No obstante, después de realizar varias actuaciones, se dio cuenta de que le interesaba más adaptar obras y trabajar detrás del telón que en frente de este. Tras acumular varios años de experiencia en el teatro, decidió aventurarse en Hollywood, donde en la década de los 40 dirigió varios filmes. Sin embargo, lo que realmente le colocó en el centro de la atención pública fue la fundación en 1947 del Actor’s Studio, junto a Cheryl Crawford y Robert Lewis. Esta escuela de interpretación, que fomentó el estudio «del método» entre las principales figuras del cine, fue responsable del descubrimiento de destacados talentos como Marlon Brando y Montgomery Clift, sobre todo en los años posteriores.
Aquél respetado en toda la industria, tanto en Nueva York como en Los Ángeles, Kazan dirigió desde mediados de los años 40 películas como El justiciero, Mar de hierba, Pánico en las calles y, evidentemente, Un tranvía llamado deseo, recibiendo elogios entusiastas. Sin embargo, en 1952, con el estreno de ¡Viva Zapata!, todo cambió.
Lejos de representar un biopic convencional sobre el revolucionario mexicano, esta película se convirtió en una crítica vehemente del comunismo y sus efectos, incluyendo la corrupción, la represión y la violencia. A esto se suma el hecho de que ese mismo año, Kazan fue convocado a testificar ante el Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC). Este comité, establecido por la Cámara de Representantes en 1938 con el propósito de combatir las ideologías subversivas y comunistas en el ámbito cultural y en todos los niveles, centró su actividad en la industria de Hollywood durante las décadas de 1940 y 1950. Como resultado, numerosos actores, productores, guionistas y directores fueron llamados a declarar sobre sus propias afiliaciones políticas y las de otros. Esto originó la famosa «Lista negra de Hollywood», que incluía a individuos considerados non gratos en la industria, tales como los guionistas Dalton Trumbo y Lester Cole, junto con el director Edward Dmytryk.
Elia Kazan fue citado a declarar en octubre de 1952 debido a sus conexiones con el Partido Comunista de Estados Unidos (CPUSA) durante la década de 1930. En su declaración, el director reconoció dicha afiliación, al mismo tiempo que negó cualquier vínculo actual, lo que le llevó a delatar a algunos de sus colegas debido a su pertenencia o justificación del ideario comunista. Aunque en el momento no se divulgaron los nombres que proporcionó al comité, posteriormente se reveló que testificó en contra del dramaturgo Clifford Odets, el guionista John Howard Lawson, varios integrantes del grupo teatral Actor’s Lab, así como de los mencionados Trumbo y Cole.
Después de ese episodio y en respuesta a las críticas abiertas de una parte significativa de la industria, la carrera de Kazan experimentó un impulso positivo. En primer lugar, muchos sectores de la sociedad interpretaron su acción como un acto de patriotismo y lealtad hacia la industria. En segundo lugar, logró continuar su labor durante varios años con considerable libertad, a pesar de su pasado comunista expreso, algo que no fue posible para muchos de sus colegas. Aunque el director nunca se disculpó por sus acciones, su reputación permaneció marcada por su papel como delator.
La complejidad de los eventos llevó a Kazan a intentar reflejarlos en la ficción, dando lugar a lo que puede considerarse la película más profunda y moral de su trayectoria: La ley del silencio. En esta obra, el personaje interpretado por Marlon Brando enfrenta una situación extrema que lo impulsará a revelar toda información sobre un asesinato vinculado a la organización de un mafioso que explota a los trabajadores del puerto neoyorquino. El actor se sintió desde un principio como un alter ego del director, representación de la tensión moral que enfrenta al decidir testificar contra líderes corruptos, aun poniendo en riesgo su propia vida, reputación y el respeto de su entorno. Esta película, conmovedora y dolorosa, aborda el tema de la delación, a través de la cual Kazan parece buscar una justificación ante el mundo y la industria.
No obstante, Hollywood nunca le otorgó un perdón total. En 1999, cuando la Academia de Cine le otorgó el Oscar Honorífico, se hizo evidente que, para muchos, aquella herida permanecía aún abierta. Mientras algunos, como Warren Beatty, Karl Malden, Steven Spielberg y Meryl Streep, aplaudían al director de Al este del Edén y Esplendor en la hierba, otros, como Ed Harris y Nick Nolte, optaban por un silencio respetuoso pero significativo.
Lo indiscutible es que su contribución al cine, que abarca desde sus innovaciones en técnicas actorales hasta su análisis profundo de temas psicosexuales, el progreso social y el cambio generacional, todos impregnados de una cierta poesía, es hoy indiscutible.


Dejando de lado la política y un hecho que nunca tenía que haber pasado, Elia Kazan era un extraordinario director sobretodo durante los años 50 donde tuvo el grueso de su filmografía a recordar.
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