LA BIBLIOTECA SECRETA DE MARILYN MONROE.

LA BIBLIOTECA SECRETA DE MARILYN MONROE.

La imagen que el mundo conservó de Marilyn Monroe fue durante décadas la de un icono luminoso, una mujer convertida en símbolo de belleza, deseo y glamour. Sin embargo, detrás de aquella figura que Hollywood explotó hasta el agotamiento existía una persona mucho más compleja, alguien que pasó gran parte de su vida intentando escapar de la caricatura que otros habían construido para ella.

La actriz, nacida como Norma Jeane Mortenson, convivió siempre con una contradicción dolorosa. Mientras millones de espectadores la identificaban con el estereotipo de la rubia ingenua, ella buscaba refugio en lugares muy distintos a los focos. Uno de ellos fueron los libros. Tras su muerte, el hallazgo de una biblioteca personal compuesta por centenares de volúmenes sorprendió a muchos, aunque quienes la conocían de cerca sabían que la lectura ocupaba un espacio fundamental en su vida.

Entre aquellos ejemplares convivían algunos de los nombres más importantes de la literatura universal. Las novelas de Dostoievski, Tolstói y Chéjov compartían estantería con obras de Hemingway, Faulkner, Thomas Mann, Fitzgerald o D. H. Lawrence. También encontraba consuelo en la poesía, especialmente en los versos de Walt Whitman y Rainer Maria Rilke, además de sentirse atraída por el teatro de Tennessee Williams. Su curiosidad intelectual llegaba incluso a los clásicos de la filosofía, con autores como Platón y Aristóteles formando parte de sus lecturas.

Esa faceta resulta especialmente reveladora cuando se recuerda una de las fotografías más célebres de la actriz: aquella en la que aparece leyendo Ulises, la monumental novela de James Joyce. La imagen ha sido interpretada durante años como una especie de paradoja visual, el encuentro entre una celebridad encasillada en la superficialidad y una de las obras más complejas de la literatura moderna. Sin embargo, Marilyn explicó en alguna ocasión que se acercaba al libro porque disfrutaba de la musicalidad de su escritura. No necesitaba comprender cada uno de sus laberintos narrativos; le bastaba con dejarse llevar por el sonido de las palabras. Leía fragmentos, volvía sobre ellos y los conservaba cerca como quien escucha una melodía favorita.

Aquella sensibilidad chocaba frontalmente con la percepción pública de la estrella. El propio Truman Capote, que le dedicó un famoso retrato titulado Una adorable criatura, describió en ella una mezcla fascinante de fragilidad, encanto e inteligencia. El término “criatura” parecía reflejar la manera en que muchos la observaban: más como un ser vulnerable y desprotegido que como una mujer plenamente reconocida en toda su complejidad.

Décadas después, esa dualidad continuó inspirando obras que intentaban comprender a la persona oculta tras el mito. La novela Blonde, de Joyce Carol Oates, exploró precisamente esa distancia entre la imagen pública y la realidad emocional de Norma Jeane. Su posterior adaptación cinematográfica, dirigida por Andrew Dominik y protagonizada por Ana de Armas, volvió a plantear la misma pregunta: quién era realmente la mujer escondida detrás de la leyenda.

Quizá la respuesta nunca pueda encontrarse por completo. Lo que sí parece evidente es que Marilyn Monroe fue mucho más que el personaje que Hollywood vendió al mundo. Mientras las cámaras buscaban a la estrella, ella seguía buscando a Norma Jeane entre las páginas de los grandes escritores. Tal vez en aquellos libros encontraba algo que la fama jamás pudo ofrecerle: un lugar donde existir lejos de las etiquetas, de los prejuicios y de la imagen que otros habían decidido imponerle.




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