COLIN FARRELL Y EL RODAJE MÁS DIFÍCIL DE RESISTIR EN BRUJAS
Mucho antes de reencontrarse en la aclamada Almas en pena de Inisherin, Colin Farrell y Brendan Gleeson ya habían demostrado una química excepcional en Escondidos en Brujas, la brillante tragicomedia negra escrita y dirigida por Martin McDonagh. La película, convertida con los años en una obra de culto y reconocida con una nominación al Óscar por su guion, sigue siendo uno de los títulos más celebrados de la carrera de Farrell. Sin embargo, el actor guarda recuerdos muy distintos a los que podría imaginar el público.
En la cinta, Farrell encarna a Ray, un sicario que se esconde en la pintoresca ciudad de Brujas tras una misión fallida. El personaje le valió una nominación al Globo de Oro y confirmó una vez más su enorme capacidad para alternar drama, humor y vulnerabilidad. Pero mientras las cámaras captaban los canales, plazas y calles medievales de la ciudad belga, el actor libraba una batalla mucho más personal.
Durante una conversación con Danny DeVito, Farrell recordó con humor que el rodaje coincidió con una etapa especialmente importante de su recuperación. Había pasado catorce meses sin consumir alcohol cuando aterrizó en una ciudad famosa, entre otras cosas, por su arraigada cultura cervecera. Para alguien que había mantenido una conocida lucha contra las adicciones, la experiencia resultó tan paradójica como frustrante.
Según explicó el intérprete, pasear por Brujas suponía encontrarse constantemente con escaparates repletos de cervezas artesanales y especialidades locales. Bromeando sobre la situación, reconoció que no podía evitar pensar que habría disfrutado mucho más de aquella oferta gastronómica unos años antes. En lugar de eso, confesó que su principal refugio durante el rodaje fueron los chocolates belgas.
Lejos de caer en la tentación, Farrell logró mantenerse firme en su sobriedad, algo que considera uno de los logros más importantes de su vida. Su trayectoria profesional, además, ha estado marcada por una circunstancia poco habitual en Hollywood: pese a la imagen de rebelde que lo acompañó durante años, nunca ha sido señalado por comportamientos problemáticos en los sets de rodaje. Al contrario, compañeros y directores suelen destacar su profesionalidad y su cercanía.
En aquella conversación, DeVito también compartió su propia experiencia con el alcohol, admitiendo que se siente mejor física y mentalmente cuando evita beber. Farrell se mostró completamente de acuerdo. Ambos coincidieron en que, aunque en algún momento el alcohol ocupó un lugar importante en sus vidas, hoy no sienten nostalgia por él.
Quizá por eso, cuando años después Farrell volvió a colaborar con McDonagh y Gleeson en la Irlanda rural de Almas en pena de Inisherin, el recuerdo de Brujas ya no estaba asociado únicamente a una de las mejores películas de su carrera, sino también a una prueba personal superada con éxito. Una victoria silenciosa que, para el actor, probablemente tenga tanto valor como cualquiera de los premios que ha recibido a lo largo de su trayectoria.

Colin Farrell nunca ha sido santo de mi devoción.
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