STEVEN SODERBERGH DISPUESTO A EXPERIMENTAR CON LA IA EN SU NUEVA PELICULA.

 STEVEN SODERBERGH DISPUESTO A EXPERIMENTAR CON LA IA EN SU NUEVA PELICULA.

En un momento en el que la industria cinematográfica parece moverse sobre terreno incierto, Steven Soderbergh vuelve a situarse en la frontera entre la tradición y la experimentación. Su próximo proyecto, aún en desarrollo, no solo recupera un episodio histórico escasamente transitado por el cine —la Guerra de Cuba—, sino que lo hace desde una perspectiva técnica que apunta directamente al futuro: la integración intensiva de inteligencia artificial como herramienta creativa.

Lejos de concebirla como un mero recurso de apoyo, Soderbergh plantea la IA como un elemento estructural del proceso. Barcos, escenarios de época y atmósferas bélicas serán reconstruidos mediante estas tecnologías, no solo por una cuestión de costes —aunque ese factor resulta determinante—, sino también como parte de una búsqueda estética que desborda los límites del realismo convencional. En ese sentido, el cineasta parece interesado en explorar un territorio donde lo histórico y lo sintético conviven sin fricciones evidentes.

En paralelo, el director ya ha comenzado a probar estas posibilidades en otro proyecto muy distinto: un documental centrado en John Lennon y Yoko Ono. Aquí, la inteligencia artificial no se orienta hacia la reconstrucción, sino hacia la evocación, generando imágenes de carácter casi onírico, alejadas de cualquier vocación estrictamente documental. Es, en cierto modo, otra forma de intervenir la memoria.

Sin embargo, Soderbergh no se deja arrastrar por un entusiasmo ingenuo. Insiste en que el uso de estas herramientas exige un control riguroso, una supervisión constante que evite la deriva automática. La IA, viene a decir, no sustituye al creador, sino que amplifica sus posibilidades siempre que exista una mirada precisa detrás.

Mientras tanto, el proyecto sobre la Guerra de Cuba avanza con Wagner Moura ya vinculado como protagonista, y con la búsqueda de un reparto capaz de convertir la película en un acontecimiento en salas. Dos estudios han mostrado interés, y la financiación sigue en marcha.

En ese equilibrio entre riesgo y oportunidad, Soderbergh reafirma su condición de cineasta inquieto, alguien que no se limita a contar historias, sino que cuestiona constantemente las herramientas con las que se cuentan. Y quizá ahí, en esa tensión entre lo artesanal y lo algorítmico, se esté gestando una de las transformaciones más profundas del cine contemporáneo.



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