EL CINE DE LOS AÑOS 70.
MALAS TIERRAS (1973)
REPARTO: MARTIN SHEEN, SISSY SPACEK, WARREN OATES, RAMON BIERI, TERRENCE MALICK, ALAN VINT, GARY LITTLEJOHN, BRYAN MONTGOMERY, BEN BRAVO, CHARLES FITZPATRICK, JOHN CARTER, DONA BALDWIN
DIRECTOR: TERRENCE MALICK
MÚSICA: GEORGE ALICESON TIPTON
PRODUCTORA: WARNER BROS
DURACIÓN: 94 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
El debut cinematográfico de Terrence Malick, nacido en Waco (Texas) en 1943, llegó en 1973 con una película que, para muchos críticos, sigue siendo su obra más pura y reveladora: Badlands, conocida en España como Malas tierras. Escrita por el propio Malick e inspirada libremente en los crímenes cometidos a finales de los años cincuenta por Charles Starkweather y Caril Ann Fugate, la película fue rodada con un presupuesto modesto —apenas medio millón de dólares— en parajes naturales de Colorado, especialmente en el condado de Otero. Su estreno tuvo lugar el 13 de octubre de 1973 en el New York Film Festival.
La historia se sitúa a finales de los años cincuenta y sigue la huida de una joven pareja por los paisajes del medio oeste estadounidense. Martin Sheen interpreta a Kit Carruthers, un joven errático e impulsivo que trabaja primero como basurero en Rapid City y después como peón en una granja. Allí conoce a Holly Sargis, interpretada por Sissy Spacek, una adolescente de quince años ingenua y reservada, criada por su padre viudo, un hombre solitario y protector al que da vida Warren Oates.
La oposición del padre a la relación entre ambos desencadena el estallido de violencia que inicia la fuga. A partir de ese momento, la pareja emprende un viaje errático que los conduce desde Texas hacia Dakota del Sur y Montana, dejando tras de sí una cadena de crímenes. Malick construye así un relato que mezcla drama, romance, thriller y crónica criminal, pero que evita deliberadamente emitir juicios morales explícitos. La narración se limita a observar, casi con distancia, el comportamiento de los personajes.
Uno de los rasgos más característicos del film es el contraste entre la brutalidad de los actos de Kit y la serenidad de los paisajes que atraviesan. Las llamadas badlands —las “malas tierras” de Dakota del Sur y Montana— se extienden ante la cámara como espacios abiertos, silenciosos y majestuosos, terrenos áridos y desolados que deben su nombre a su inutilidad para el cultivo o el pastoreo. En ese entorno de belleza imponente, la violencia adquiere una dimensión aún más inquietante.
Malick compone las imágenes con un cuidado pictórico que recuerda a diversas tradiciones artísticas estadounidenses. Algunos planos evocan la estética del pop art de Andy Warhol, mientras que los interiores solitarios y los espacios cotidianos remiten al realismo melancólico de Edward Hopper. Los paisajes abiertos y los rostros sencillos de los personajes también pueden recordar la sensibilidad de Andrew Wyeth.
La narración está guiada por la voz en off de Holly, que relata los acontecimientos con una serenidad casi infantil. Su tono íntimo y aparentemente ingenuo contrasta con la gravedad de lo que sucede, creando una atmósfera extraña y perturbadora. La película avanza mediante fragmentos breves, pequeñas escenas que, unidas, construyen el retrato de una deriva trágica.
Kit aparece como un personaje primario, violento y emocionalmente opaco, cuya conducta sugiere una mente profundamente alterada. Malick nunca ofrece explicaciones directas sobre su psicología, pero su comportamiento —frío, impulsivo y carente de remordimiento— deja entrever una personalidad marcada por la alienación y la incapacidad para comprender las consecuencias de sus actos.
Con Malas tierras, Terrence Malick inauguró una filmografía marcada por la contemplación, la poesía visual y la exploración del vínculo entre el ser humano y la naturaleza. Desde su primera película, el director mostró ya esa mirada singular que convierte la violencia, el amor y la soledad en parte de un mismo paisaje moral. Una obra que, medio siglo después, continúa fascinando por la extraña armonía que logra entre la belleza del mundo y la oscuridad del alma humana.


A día de hoy para este menda, es lo mejor que ha hecho Terrence Malick. No se si es el papel o porque se intento lanzar a Martin Sheen como un nuevo James Dean, pero el actor me recuerda mucho al actor de Rebelde sin causa; de hecho en el film se bromea sobre este aspecto.
ResponderEliminar