WIM WENDERS DESDE LA BERLINALE-2026 DEFIENDE QUE EL CINE SE MANTENGA ALEJADO DE LA POLITICA.
La alfombra roja de la Festival Internacional de Cine de Berlín volvió a desplegarse entre aplausos y tensiones soterradas. En su 76ª edición, la Berlinale abre sus puertas hasta el 22 de febrero con la promesa habitual de cine de autor, descubrimientos y debates estéticos, pero también con el eco de una controversia que, una vez más, desborda la pantalla. El jurado de la Sección Oficial está presidido por Wim Wenders, cineasta de prestigio internacional que el pasado año conquistó a público y crítica con Perfect Days, una obra de contemplación íntima y silenciosa.Sin embargo, el contexto político ha irrumpido con fuerza. El recuerdo de No Other Land —documental sobre la colonización israelí en territorios palestinos que triunfó en Berlín con el Premio del Público y posteriormente obtuvo el Oscar— sigue marcando el ambiente. Su victoria y las declaraciones posteriores de sus responsables generaron acusaciones de antisemitismo desde sectores institucionales de la ciudad, alimentando una discusión que ha regresado con la nueva edición.
Durante la inauguración, un periodista cuestionó a la dirección del festival por lo que consideró un “trato selectivo” de los derechos humanos, señalando el apoyo explícito a Irán o Ucrania frente al silencio sobre Palestina. La retransmisión se interrumpió cuando se preparaban para responder, pero los asistentes relataron después las palabras de Wenders: defendió que el cine debía mantenerse como contrapeso, no confundirse con la acción política directa. “Las películas pueden cambiar el mundo —vino a decir— pero no en el sentido de convencer a los gobiernos”.
A su lado, la productora Ewa Puscynska apoyó la idea de que el cine debe provocar reflexión sin convertirse en arma partidista, recordando implícitamente trabajos como La zona de interés, donde la denuncia moral surge de la puesta en escena y no del discurso explícito.
Las redes, como siempre, reaccionaron con rapidez. Algunos rescataron pasajes del libro The Logic of Images, donde el propio Wenders defendía que ninguna película es realmente apolítica, porque incluso el silencio contiene una posición. La paradoja quedó servida: el festival que celebra la libertad creativa vuelve a ser escenario de una vieja discusión sobre el papel del arte frente al poder.
Y mientras en las salas de Berlín comienzan a apagarse las luces, el cine vuelve a ocupar ese lugar ambiguo que le es propio: espejo de la realidad, refugio de la empatía y, inevitablemente, territorio donde las preguntas incómodas siguen buscando respuesta.

De completo acuerdo con Wim Wenders.
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