WARNER BROS DISPUESTA A TODO DE CARA A PROMOCIONAR SUS CANDIDATAS A LOS OSCAR.
En Hollywood, la batalla por el Oscar empieza mucho antes de que se abran los sobres. Se libra en proyecciones privadas, en cócteles estratégicos, en anuncios a página completa y en campañas cuidadosamente orquestadas. Este año, Warner Bros. ha decidido jugar fuerte.Según fuentes del sector, el estudio habría invertido alrededor de 30 millones de dólares en promocionar sus dos grandes aspirantes a mejor película: Los pecadores y Una batalla tras otra. Lejos de concentrar todos los recursos en una sola carta, la compañía habría distribuido el presupuesto de forma casi equitativa —entre 14 y 16 millones para cada título—, una señal de que internamente no existía un favorito claro, sino dos apuestas sólidas compitiendo en paralelo.
Los resultados, al menos en términos de nominaciones, avalan la estrategia. Los pecadores encabeza la carrera con 16 candidaturas, la cifra más alta de la presente edición, mientras que Una batalla tras otra le sigue con 14, situándose como la segunda producción más nominada del año. A la espera de la ceremonia del 15 de marzo, ambas se perfilan como las contendientes más firmes al premio principal.
De materializarse la victoria de alguna de ellas, sería la primera vez que Warner Bros. conquista el Oscar a mejor película desde Argo, dirigida y protagonizada por Ben Affleck, que se alzó con la estatuilla en 2013. Más de una década después, el estudio busca recuperar ese lugar simbólico en la cima.
La cifra invertida reabre, como cada año, el debate sobre la rentabilidad real de estas campañas. El ejemplo más citado sigue siendo Roma, de Alfonso Cuarón, por la que Netflix habría desembolsado más de 25 millones de dólares en su ofensiva hacia el Oscar. Ganar —o incluso competir— rara vez implica un retorno directo proporcional en taquilla o suscripciones. Sin embargo, en la lógica de los grandes estudios, el prestigio es un activo intangible pero decisivo.
Una estatuilla no solo adorna vitrinas: redefine relaciones industriales, fortalece marcas y posiciona a un estudio en el imaginario cultural. Puede no traducirse en un cheque inmediato, pero sí en una ventaja estratégica a largo plazo. En ese tablero, los 30 millones invertidos por Warner Bros. no son un gasto superfluo, sino una apuesta calculada. Porque en la industria del cine, el prestigio sigue siendo una moneda que nunca pierde valor.

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ResponderEliminarPor una parte me gustaría que Warner arrasara en los Oscar, para que se se olviden de la idea de no vender a Netflix.