SE REVELA LA CAUSA DE LA MUERTE DEL ACTOR PETER GREENE.
El eco de su mirada turbadora todavía recorre el imaginario del cine de los noventa. El pasado 12 de diciembre, el actor Peter Greene fallecía a los 60 años, una noticia que sacudió a la industria por la inesperada juventud del intérprete y por las circunstancias confusas en las que fue hallado en su apartamento del Lower East Side de Nueva York.Semanas después, el informe forense arrojó luz sobre lo ocurrido. Según el jefe de los médicos forenses de la ciudad, Greene murió por un disparo accidental en la axila izquierda que dañó una arteria vital. Un detalle tan insólito como trágico que, en el contexto estadounidense, vuelve a poner sobre la mesa la inquietante normalización del uso de armas de fuego. El actor fue encontrado tras la alerta de un vecino, molesto por la música que sonaba sin cesar en el piso.
Nacido en Nueva Jersey en 1965, Greene inició su carrera en televisión con la serie Hardball antes de dar el salto al cine junto a Edie Falco en Leyes de gravedad. Su talento encontró pronto un vehículo a su medida en el perturbador thriller independiente Clean, Shaven, presentado en el Festival de Cannes y celebrado por su intensidad.
Pero su rostro quedó fijado para siempre en la memoria popular en 1994, cuando encadenó dos papeles icónicos: el siniestro Zed de Pulp Fiction, dirigido por Quentin Tarantino, y el ambicioso villano Dorian Tyrell en La máscara, donde compartía pantalla con Jim Carrey. En ambos casos, su presencia inquietante y su mirada felina construyeron antagonistas memorables.
En años posteriores participó en títulos como Sospechosos habituales o Training Day, y siguió trabajando en producciones más discretas, desde thrillers de bajo presupuesto hasta comedias comerciales como De ladrón a policía, con Martin Lawrence. Sin grandes focos, pero con constancia, Greene nunca dejó de actuar en el siglo XXI.
Su carrera quedó marcada por personajes oscuros, ambiguos, de esos que parecen esconder algo más allá del plano. Y quizá por eso su despedida resulta todavía más inquietante: como si el actor que tantas veces habitó el lado sombrío de la ficción se hubiera marchado envuelto en un misterio que el tiempo, inevitablemente, solo podrá atenuar.

"Accidental" no se yo.
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