PUNTO Y FINAL A LAS PROYECCIONES EN SALAS CINEMATOGRAFICAS PARA LOS ACADEMICOS CON DERECHO A VOTO EN LOS OSCAR.
PUNTO Y FINAL A LAS PROYECCIONES EN SALAS CINEMATOGRAFICAS PARA LOS ACADEMICOS CON DERECHO A VOTO EN LOS OSCAR.
La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha cerrado una etapa silenciosamente, pero no sin consecuencias. A partir de ahora, sus miembros ya no contarán con proyecciones en pantalla grande de las películas nominadas al Oscar organizadas por la propia institución una vez anunciadas las candidaturas. Una decisión que, aunque comunicada de forma discreta, ha terminado por generar desconcierto y malestar entre parte del colectivo.El aviso llegó en enero a través del Academy Bulletin, el boletín interno que reciben los académicos, pero el debate no ha estallado hasta semanas después, cuando algunos miembros intentaron articular una protesta interna. El motivo oficial es puramente práctico: la asistencia a estos pases se ha desplomado en los últimos años. Según datos manejados por la Academia, en las dos temporadas más recientes la media de público en las proyecciones posteriores a las nominaciones no superó los cinco asistentes por sesión, a pesar de que cada pase suponía un gasto de miles de dólares.
Durante décadas, la Academia organizó visionados en ciudades clave como Los Ángeles, Nueva York, San Francisco o Londres, tanto antes como después de anunciar las nominaciones. Sin embargo, desde la implantación del Academy Screening Room —el servicio interno de visionado en casa activo desde hace siete años— los hábitos de consumo de los votantes han cambiado de forma irreversible.
Desde la institución defienden que los académicos han tenido oportunidades de sobra para ver las películas en condiciones óptimas: en proyecciones oficiales previas, en salas comerciales o en los pases For Your Consideration organizados por los estudios, ahora centralizados en un calendario específico dentro de la web interna. Además, recuerdan que solo en los últimos meses se han celebrado más de 300 proyecciones de títulos elegibles, incluidas películas nominadas y preseleccionadas en categorías como largometraje internacional o cortometrajes.
Pero no todos comparten ese diagnóstico. Tal y como recoge The Hollywood Reporter, algunos miembros consideran que la medida contradice el espíritu de una institución “consagrada al cine en pantalla grande”. Para ellos, valorar obras de gran escala visual como Frankenstein o Avatar: Fuego y ceniza en un entorno doméstico, especialmente en el tramo decisivo de las votaciones, supone una merma evidente de la experiencia cinematográfica.
Con este cambio, los visionados posteriores a las nominaciones quedarán relegados al streaming interno y a las iniciativas de los estudios. Una decisión que confirma un cambio de hábitos ya asentado, pero que también reabre una pregunta incómoda: hasta qué punto los Oscar siguen anclados a la experiencia colectiva de la sala o han asumido, de forma definitiva, el modelo de consumo doméstico incluso en su proceso más simbólico.

Considero que el cine es para verlo en pantalla grande y mas cuando esta en juego un premio de esta índole.
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