LO QUE PENSABA DEBBIE REYNOLDS DE SU TRABAJO EN "CANTANDO BAJO LA LLUVIA".

 LO QUE PENSABA DEBBIE REYNOLDS DE SU TRABAJO EN "CANTANDO BAJO LA LLUVIA".

Más de siete décadas después de su estreno, Cantando bajo la lluvia continúa ocupando un lugar privilegiado en el imaginario del cine. No solo como uno de los musicales más celebrados de todos los tiempos, sino como una obra que reflexiona sobre el propio género, lo examina desde dentro y lo eleva a su forma más pura. Divertida, luminosa y profundamente consciente de su herencia, la película funciona como un homenaje al musical clásico en el momento exacto en que ese cine alcanzó su plenitud.

El punto de partida del proyecto fue tan pragmático como brillante. Arthur Freed, figura clave de la MGM y arquitecto del gran musical del estudio, pidió a Betty Comden y Adolph Green que construyeran un guion a partir de un conjunto de canciones escritas a finales de los años veinte. Aquellas melodías, nacidas en los albores del sonoro, pedían a gritos una historia que dialogara con ese periodo convulso en el que Hollywood tuvo que reinventarse. Así surgió la idea de situar la trama en el traumático paso del cine mudo al hablado, una transformación tan decisiva como pocas en la historia del medio.

Cuando el guion llegó a manos de Gene Kelly y Stanley Donen, recién salidos del rodaje de Un americano en París, el entusiasmo fue inmediato. Ambos se implicaron activamente en el desarrollo creativo, ajustando escenas, diseñando coreografías y dando forma a lo que acabaría siendo el corazón emocional del filme: ese número en el que Kelly, solo bajo la lluvia, convierte una simple calle en un estado de ánimo. Una secuencia que trascendió la película para inscribirse en la memoria universal del cine.

El reparto se fue cerrando con rapidez. Donald O’Connor fue aprobado sin reservas para encarnar al amigo del protagonista, un personaje clave en el tono cómico y físico del relato. Más conflictiva fue la elección de la protagonista femenina. Kelly propuso a la bailarina profesional Cyd Charisse, pero Arthur Freed tenía otros planes. El productor apostó firmemente por una joven Debbie Reynolds, prácticamente desconocida y sin formación como bailarina. La reacción de Kelly fue de absoluto rechazo. Acostumbrado a trabajar con intérpretes de nivel extraordinario, y tras haber compartido pantalla con Leslie Caron, consideró la elección inaceptable.

La tensión fue real y prolongada. Hubo discusiones, amenazas veladas de paralizar el rodaje y semanas de enfrentamientos hasta que Freed zanjó la cuestión con una frase que ya forma parte de la leyenda del cine: si Kelly era el mejor bailarín del mundo, debía enseñar a Reynolds a bailar. Para la actriz, la noticia de que protagonizaría una película junto a Gene Kelly fue casi un golpe físico. La exigencia era conocida y el reto, descomunal.

Lo que siguió fue un proceso agotador. Ensayos de más de ocho horas diarias, meses de trabajo físico extremo y una presión constante por alcanzar la perfección. Reynolds terminó con los pies ensangrentados, llorando a escondidas bajo un piano y durmiendo en el estudio para aprovechar cada minuto. El número “Good Morning” se convirtió en una prueba de resistencia tanto física como emocional. Aun así, la actriz resistió, repitiéndose como un mantra que debía sonreír, seguir adelante y no caer.

El esfuerzo dio frutos. Años después, Kelly reconocería públicamente la disciplina y la determinación de Reynolds, destacando que, pese a no ser bailarina, irradiaba algo imposible de enseñar: presencia. Esa cualidad intangible que sostiene una coreografía más allá de la técnica y convierte el movimiento en emoción.

Hoy, Cantando bajo la lluvia sigue desbordando vitalidad, alegría y una frescura intacta. Nada en ella parece envejecido, porque nace de un compromiso absoluto con el espectáculo y con el cine mismo. El resultado es una obra maestra sin fisuras, construida a base de talento, sacrificio y una comprensión profunda del musical como forma de arte. El musical de musicales, todavía insuperado.



Comentarios

  1. Como aquel que dice Debbie Reynolds en aquella época era una actriz primeriza, llevaba cuatro años de carrera, y bailar y cantar junto a Gene Kelley, la estrella del momento dentro del musical, debería ser un autentico desafío, un desafío que salió con un sobresaliente para la pizpireta Debbie Reynolds.

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