LO QUE LE DIJO EL PRODUCTOR DE "LA LISTA DE SCHINDLER"A LIAM NEESON.
Rodar La lista de Schindler no fue, para nadie implicado, un trabajo más. Desde el primer día quedó claro que aquella película exigía algo distinto, algo que iba mucho más allá de la interpretación. El proyecto de Steven Spielberg, estrenado en 1993, no solo pretendía contar la historia real de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a más de mil judíos durante el Holocausto, sino enfrentarse de manera directa a una de las heridas más profundas del siglo XX.La película nació de la novela El arca de Schindler, publicada en 1982 por Thomas Keneally, y encontró en el blanco y negro una forma casi documental de mirar al horror sin filtros. Schindler, interpretado por Liam Neeson, aparece como una figura ambigua: un industrial oportunista que acaba convirtiendo sus fábricas en refugios, otorgando a sus trabajadores —judíos polacos en su mayoría— una protección precaria pero vital. Aquellos supervivientes serían conocidos como los Schindlerjuden.
El impacto emocional del rodaje se manifestó desde el principio. Neeson ha contado que su primera escena no se filmó en un plató cualquiera, sino a las puertas de Auschwitz. Allí, vestido ya con el abrigo de Schindler, aguardaba nervioso el inicio de la toma mientras observaba las barracas tras la alambrada. Fue entonces cuando se le acercó Branko Lustig, uno de los coproductores del filme. Lustig no hablaba desde la documentación ni la memoria indirecta: había sido prisionero en Auschwitz siendo apenas un niño.
Sin dramatismo, Lustig señaló una de las cabañas y le dijo que allí había pasado dos años de su vida. Luego, como prueba innecesaria pero devastadora, le mostró el número tatuado en el brazo. Neeson ha recordado ese momento como un golpe físico: las piernas a punto de fallarle, la certeza repentina de que aquello no era “hacer cine”, sino sostener una responsabilidad moral. Actuar, en ese contexto, adquiría otro peso.
Spielberg también cargaba con su propia historia. De familia judía, con parientes asesinados durante el Holocausto y marcado por el antisemitismo sufrido en su juventud, el director convirtió La lista de Schindler en una obra profundamente personal. No es casual que, décadas después, siga hablando del antisemitismo como una enfermedad persistente, incómoda, que no debe apartarse de la conversación pública precisamente porque sigue viva.
La película fue reconocida con siete premios Oscar, incluidos mejor película y mejor dirección, y se convirtió de inmediato en un referente cultural. No solo por el rayo de esperanza que ofrece a través de Schindler, sino por su mirada implacable sobre un sistema donde ser judío equivalía, casi automáticamente, a una condena de muerte.
Con el paso del tiempo, Spielberg ha reconocido otras miradas necesarias sobre el Holocausto. Para él, incluso por encima de su propia obra, destaca La zona de interés, a la que considera la película más poderosa sobre el tema desde La lista de Schindler, precisamente por su capacidad para mostrar la banalidad del mal. Un recordatorio inquietante de que el horror no siempre grita; a veces, simplemente convive con la normalidad.

Una buena pelicula sobre el Holocausto, aunque sobre el tema sigo prefiriendo la serie de televisión titulada Holocausto donde aparecía una jovencísima Meryl Streep.
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