LA VERSION DE "CUMBRES BORRASCOSAS" QUE DIRIGIÓ LUIS BUÑUEL EN MEXICO.

 LA VERSION DE "CUMBRES BORRASCOSAS" QUE DIRIGIÓ LUIS BUÑUEL EN MEXICO.

Hubo un tiempo en que la novela de Emily Brontë desconcertaba más de lo que seducía. Publicada en 1847, Cumbres Borrascosas no era el canto romántico que muchos esperaban, sino una tormenta moral, un relato de obsesión y crueldad que dejó perplejos a lectores y críticos. Cuando la autora murió a los 30 años, apenas quedaban algunos poemas y esa obra incómoda, demasiado áspera para el gusto victoriano.

Por eso sorprende escuchar a Emerald Fennell presentar su nueva adaptación como “la mayor historia de amor jamás contada” y aspirar a convertirla en la Titanic de su generación. Quien conozca el texto original sabe que el amor entre Catherine y Heathcliff es más una herida abierta que un ideal romántico. Esa incomodidad, esa perversidad emocional que repelió a los primeros lectores, apenas ha sobrevivido en el cine.

Salvo en un caso. En México, con recursos mínimos y rodaje acelerado, Luis Buñuel filmó Abismos de pasión, quizá la única adaptación que no intentó domesticar la novela. Paradójicamente, el cineasta más personal fue también el más fiel al espíritu de Brontë. Sus obsesiones, sus personajes dominados por el deseo y la culpa, dialogaban de forma natural con el universo de la escritora. Nada que ver con la elegancia contenida de la versión hollywoodiense de William Wyler.

Buñuel rodó la película en medio de una actividad frenética: en el mismo año estrenó Él, El bruto y Abismos de pasión. Era un director rápido, preciso, poco dado a repetir tomas. El dinero escaseaba —la productora Tepeyac apenas sobrevivió una década—, pero la intensidad suplía la carencia.

En el reparto brillaba Jorge Mistral, actor español de carrera internacional que llegó a trabajar con Sophia Loren. Compartió un destino trágico con Pedro Armendáriz, protagonista de El bruto: ambos, enfermos de cáncer terminal, eligieron suicidarse a los 51 años. Como si la fatalidad de la novela hubiera contaminado la vida real.

Durante décadas se consideró el periodo mexicano de Buñuel como una etapa menor. Sin embargo, críticos como Miguel Marías lo han reivindicado en su ensayo Otro Luis Buñuel, publicado por Athenaica. Allí se celebra precisamente ese espíritu brontiano que atraviesa Abismos de pasión.

Tal vez por eso la película sigue siendo una anomalía: porque no busca convertir la novela en un romance luminoso, sino en un incendio moral. Y en ese incendio, entre sombras y deseo, es posible imaginar a Emily Brontë reconociendo su obra en la pantalla, no como leyenda romántica, sino como la historia feroz que siempre fue.



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