LA IMPROVISACION DE TOM HANKS EN "FORREST GUMP" QUE A LA LARGA SERÍA UNA DE LAS ESCENAS MAS RECORDADAS DEL FILM.

 LA IMPROVISACION DE TOM HANKS EN "FORREST GUMP" QUE A LA LARGA SERÍA UNA DE LAS ESCENAS MAS RECORDADAS DEL FILM.

Hay películas que se planifican al milímetro y otras que, de pronto, encuentran su verdad en un gesto inesperado. En Forrest Gump ocurrió algo así: una de sus frases más recordadas no estaba escrita. Nació en el rodaje, casi como quien no quiere la cosa, y terminó encapsulando el alma entera del personaje.

Estrenada en 1994, la cinta de Robert Zemeckis se convirtió en mucho más que un éxito de taquilla. Fue un fenómeno cultural que arrasó en los Oscar —seis estatuillas, entre ellas mejor película, director y actor para Tom Hanks— y consolidó a su protagonista como uno de los rostros esenciales del cine estadounidense contemporáneo. Pero el triunfo no se explica solo por los premios ni por la innovación técnica que permitió integrar a Forrest en imágenes históricas junto a presidentes y grandes acontecimientos. Se explica, sobre todo, por la pureza del personaje.

Forrest no es un héroe clásico. No tiene ambición, ni cinismo, ni dobleces. Avanza por la vida con una lógica sencilla: hacer lo que le dicen, querer sin reservas, correr cuando hace falta. En una década marcada por el espectáculo y los antihéroes sofisticados, su honestidad desarmante fue casi revolucionaria.

La improvisación ocurrió en el primer encuentro con Bubba, durante el entrenamiento militar. Tras escuchar la explicación del apodo de su futuro amigo, Forrest responde: «Me llamo Forrest Gump. La gente me llama Forrest Gump». La frase no figuraba en el guion. Fue una ocurrencia espontánea de Tom Hanks. Zemeckis entendió al instante que ahí estaba el personaje entero: literal, ingenuo, transparente. No hacía falta más.

Tampoco el acento sureño estaba completamente definido hasta que Hanks decidió inspirarse en el niño que interpretaba a Forrest en su infancia. Ese tono pausado, casi musical, terminó siendo inseparable del personaje. Y la pluma que abre y cierra la película —flotando al azar— se convirtió en un símbolo abierto a interpretaciones: ¿destino o casualidad?, ¿azar o providencia?

El guion, por su parte, sí regaló otra frase eterna: «La vida es como una caja de bombones…». Una línea que resume la filosofía emocional del relato y que aún hoy se cita como si perteneciera al refranero popular.

Incluso el banco desde el que Forrest narra su historia acabó retirado tras el estreno para evitar peregrinaciones constantes. Y muchas de las escenas en las que corre a través del país se rodaron sin permisos cerrados, con personas reales cruzándose en plano sin saber que estaban entrando en la historia del cine.

Quizá ahí resida el secreto de su permanencia: en esa mezcla de planificación precisa y hallazgos fortuitos. Como la pluma que flota sin rumbo aparente, Forrest Gump parece dejarse llevar por el viento. Y, sin embargo, termina aterrizando siempre en el mismo lugar: la memoria emocional del espectador.


Comentarios

  1. De todas las frases de la pelicula me quedo con la de la caja de bombones.

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