LA GRAVE ENFERMEDAD DE KATE WINSLET TRAS RODAR "TITANIC".
Hay películas que no se agotan nunca, por más que se diseccionen. Titanic es una de ellas. Convertida en fenómeno cultural desde su estreno en diciembre de 1997, ha sido leída como tragedia romántica, como espectáculo técnico y como el filme que lanzó definitivamente a Leonardo DiCaprio al estrellato global. Y, sin embargo, casi tres décadas después, sigue revelando grietas ocultas bajo su superficie pulida.Una de esas grietas la ha vuelto a iluminar Kate Winslet, y no tiene nada de poética. Durante el rodaje de las escenas finales, la actriz sufrió hipotermia real. No un malestar pasajero ni una exageración retrospectiva, sino una condición física peligrosa, provocada por horas de exposición al frío extremo. Lo contó con naturalidad en una entrevista televisiva, cuando la conversación derivó, como tantas veces, hacia la famosa escena del tablón. A la pregunta directa sobre si había contraído neumonía, Winslet fue aún más precisa: no fue eso, fue hipotermia. El agua estaba helada. Literalmente.
La razón era tan simple como implacable. La piscina utilizada para recrear el océano era de tal tamaño que resultaba imposible calentarla. No había tecnología capaz de elevar la temperatura de semejante volumen de agua, así que actores y equipo se sumergieron durante horas en condiciones límite. Repetir tomas no significaba repetir emociones: significaba volver a sentir el frío atravesando el cuerpo. Fingir no era una opción. El cuerpo reaccionaba antes que la interpretación.
Winslet tenía entonces solo 22 años y estaba afrontando uno de los rodajes más ambiciosos jamás realizados sin ser aún consciente del impacto que aquella película tendría sobre su vida. Con el tiempo, ha ido compartiendo detalles que humanizan un mito construido a base de récords y grandilocuencia. Por ejemplo, que cuando llevó a sus hijos a ver la película les tapó los ojos durante la escena del desnudo, la ya legendaria secuencia del “píntame como a una de tus chicas francesas”.
Ese momento guarda, además, otro secreto revelador del control autoral de James Cameron: el dibujo que aparece en pantalla no fue obra de un miembro anónimo del equipo, sino del propio director. Cameron dibujó a Winslet mientras posaba en bañador y lo hizo con la mano izquierda para que pareciera el trazo de Jack. Un detalle casi invisible, pero muy revelador.
Con los años, la actriz también ha puesto fin a uno de los debates más persistentes del cine moderno: sí, Jack cabía en la tabla. Lo ha dicho sin rodeos. Pero el guion decidió otra cosa. Y esa decisión, puramente narrativa, convirtió la escena en un sacrificio inolvidable y en una herida emocional compartida por millones de espectadores.
Más allá de la técnica y las anécdotas, Titanic se rodó en un momento personal devastador para Winslet. Durante la filmación, vivió la enfermedad y posterior muerte de su primer gran amor, Stephen Tredre. Por ese motivo, no asistió a ninguno de los estrenos celebrados entre diciembre de 1997 y enero de 1998. Mientras el mundo celebraba alfombras rojas, récords históricos y el nacimiento de un fenómeno global, ella atravesaba el duelo en silencio, lejos de los focos.
El contraste fue brutal. La película dominó la taquilla durante 16 semanas, ganó once premios Oscar y se convirtió en el mayor éxito de su generación. Kate Winslet pasó, casi de la noche a la mañana, de joven actriz prometedora a estrella mundial. Con ello llegaron la presión mediática, los comentarios sobre su físico, los rumores de romance con DiCaprio y una exposición constante que rozó lo asfixiante.
Bajo el brillo épico de Titanic, hubo frío real, pérdidas reales y una juventud sometida a una intensidad difícil de imaginar. Quizá por eso la película sigue viva: porque, incluso detrás de su espectáculo colosal, late algo profundamente humano.

Con un spa gigante, todos calentitos y sin consecuencias posteriores, eso si un poco arrugado se sale. 🤣🤣🤣
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