JOE PESCI, UNA LEYENDA DEL CINE EN LA SOMBRA DE LOS FOCOS.
En una industria dominada por la sobreexposición y la necesidad constante de permanecer visible, Joe Pesci ha construido su leyenda desde el silencio. Ganador del Oscar, actor de registros extremos y presencia inolvidable, su ausencia prolongada de las pantallas en lo que llevamos de siglo no ha hecho sino reforzar su aura. Pesci es uno de esos intérpretes que, cuanto menos aparece, más pesa.Su relación con Hollywood siempre ha sido distante, casi incómoda. Tras Arma letal 4 en 1998, decidió apartarse de un sistema que nunca terminó de seducirle. Desde entonces, sus trabajos se cuentan con cuentagotas y casi siempre ligados a la insistencia de viejos aliados. Robert De Niro fue el primero en sacarlo de su retiro para un pequeño papel en El buen pastor (2006), y años más tarde aceptó protagonizar Love Ranch (2010), una experiencia que hoy recuerda con evidente desagrado. El resultado final no se parecía en nada a lo que había imaginado y su personaje, según él mismo ha confesado, quedó irreconocible en el montaje.
Hubo que esperar casi una década más para volver a verlo en una película de peso, de nuevo de la mano de Martin Scorsese. Desde entonces, apenas dos proyectos más jalonan una filmografía contemporánea marcada por la excepción, no por la norma. Pesci nunca ha tenido prisa, ni parece sentir la necesidad de demostrar nada a nadie.
Su carácter reservado no es una pose. Basta recordar su discurso al recoger el Oscar por Uno de los nuestros: dos frases escuetas, pronunciadas con sequedad, que lo convirtieron en uno de los agradecimientos más breves —y memorables— de la historia de la Academia. Esa misma actitud se refleja en su trato con la prensa. Cuando la revista Empire logró entrevistarlo con motivo del estreno de El irlandés, su respuesta inicial fue tan directa como desarmante: “¿Encantado de hablar conmigo? Tú sí. Yo no”. Detrás de esa brusquedad, sin embargo, se esconde un actor profundamente consciente de su oficio.
Pesci empezó muy pronto, casi como una extensión natural de la infancia. “Era un niño de teatro”, recordaba, evocando horas de ensayo frente al espejo, bailando y aprendiendo disciplina escénica. Pero su carrera no despegó de inmediato. Durante años acumuló audiciones fallidas, pequeños trabajos y frustraciones que terminaron por volverlo introspectivo. A finales de los setenta, con 36 años, había decidido abandonar la interpretación y dedicarse a la hostelería.
El giro llegó de la forma más inesperada. Mientras regentaba su restaurante, dos visitantes se presentaron no para probar su cocina —que él define con modestia como “casera”—, sino para ofrecerle un papel. Eran Robert De Niro y Martin Scorsese, que lo habían visto trabajar y lo querían para interpretar al hermano del personaje de De Niro en Toro Salvaje. A partir de ahí, todo cambió, aunque Pesci nunca modificó su manera de entender la profesión.
“No tuve nada que ver con que eso ocurriera”, ha dicho en más de una ocasión. Nunca buscó atención, ni una carrera diseñada desde el marketing. De hecho, la única vez que contrató a un publicista fue, según él mismo, para mantenerse alejado de las revistas. A sus casi 83 años, no persigue proyectos ni reconocimientos. Rechazó participar en series como Luck y mantiene sus planes envueltos en el mismo misterio que ha definido su vida pública. Hablar del futuro, dice, es una forma de estropearlo.
Joe Pesci es, en definitiva, un actor fuera de tiempo y de tendencia. Un intérprete que prefiere el anonimato cotidiano a la alfombra roja, los hoyos de golf al foco mediático. Y quizá por eso, cada vez que decide regresar, su presencia resulta tan contundente como irrepetible.

Un grande del cine que se hizo en papeles de gangsters brutales, pero que sin embargo se le recuerda por sus papeles de comedia, como el villano de Solo en casa o en la saga Arma Letal.
ResponderEliminar