EL CINE DE LOS AÑOS 70
HISTORIA DE UNA MONJA DE CLAUSURA (1973)
REPARTO: CATHERINE SPAAK, SUZY KENDALL, ELEONORA GIORGI, MARTINE BROCHARD, ANN ODESSA, ANTONIO FALSI, UMBERTO ORSINI, TINO CARRARO, KONRAD GEORG, ISABELLE MARCHALL, CATERINA BORATTO
DIRECTOR: DOMENICO PAOLELLA
MÚSICA: PIERO PICCIONI
PRODUCTORA: ROXY FILM
DURACIÓN: 97 min.
PAÍS: ITALIA, FRANCIA, ALEMANIA
Historia de una monja de clausura (1973) pertenece a ese territorio ambiguo del cine europeo de los setenta donde el drama religioso, el erotismo velado y la crítica institucional convivían con una libertad hoy casi impensable. Dirigida con una sobriedad engañosa, la película utiliza el espacio cerrado del convento no solo como escenario narrativo, sino como metáfora de un sistema opresivo que transforma la fe en disciplina y el silencio en castigo.
El relato sigue a una joven que ingresa en la clausura empujada más por las circunstancias que por una verdadera vocación. Desde ese punto de partida, la película construye un descenso pausado hacia la asfixia emocional, observando cómo la rutina, la jerarquía y la represión del deseo erosionan cualquier atisbo de identidad personal. No hay aquí romanticismo espiritual ni consuelo místico: el convento aparece como un microcosmos rígido, regido por normas que se imponen sin cuestionamiento y donde la culpa funciona como mecanismo de control.
Uno de los mayores aciertos del filme es su tono contenido. Lejos de la provocación explícita que caracterizó a muchas producciones de su misma corriente, Historia de una monja de clausura opta por una mirada más psicológica que sensacionalista. El erotismo, cuando aparece, lo hace desde la sugerencia y la tensión interna, nunca como espectáculo gratuito. La cámara observa con distancia, casi con frialdad, subrayando la monotonía de los rituales y el peso del tiempo detenido.
La interpretación de la protagonista sostiene buena parte del metraje, transmitiendo con gestos mínimos la progresiva fractura entre fe impuesta y deseo reprimido. Su evolución no se plantea como una rebelión abierta, sino como un conflicto íntimo, silencioso, coherente con el entorno que la rodea. El resto del reparto, deliberadamente contenido, refuerza esa sensación de comunidad cerrada donde la individualidad es vista como una amenaza.
Formalmente, la película se apoya en una puesta en escena austera, con interiores desnudos y una fotografía que enfatiza la rigidez del espacio. El ritmo, deliberadamente lento, puede resultar exigente, pero es coherente con la experiencia que quiere transmitir: la de una vida suspendida, repetitiva, sin escape visible.
Más que una obra provocadora, Historia de una monja de clausura es una película incómoda. No busca escandalizar, sino incomodar desde la observación y la reflexión. Un retrato seco y persistente de la represión institucional, que encuentra en el cine de los setenta el contexto ideal para existir sin concesiones.


La pelicula intenta que nos hagamos una idea de los motivos por los que las jovenes novicias entraban en las ordenes religiosas de clausura, sus instintos, deseos,...; todo ello adornado con bastantes dosis de erotismo y una buena ambientación de las escenas del interior del convento. Madre de Dios hermoso, cuanta belleza desperdiciada entre cuatro paredes. 😂
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