HERMANAS (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.


HERMANAS (1973)
REPARTO: MARGOT KIDDER, JENNIFER SALT, CHARLES DURNING, DOLPH SWEET, LISLE WILSON, WILLIAM FINLEY, BARNARD HUGHES, MARY DAVENPORT, BOBBY C. COLLINS, OLYMPIA DUKAKIS, ART EVANS, CATHY BERRY, JAMES MAPES
DIRECTOR: BRIAN DE PALMA
MÚSICA: BERNARD HERRMANN
PRODUCTORA: AMERICAN INTERNATIONAL PRODUCTIONS
DURACIÓN: 92 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Hay películas que no se dejan mirar con comodidad. No porque sean difíciles de entender, sino porque exigen una disposición mental muy concreta, casi un pacto previo con el espectador. Esta es una de ellas. No nace de una mente convencional ni se articula desde un guion reconocible; es una experiencia que te advierte, desde muy pronto, que no deberías continuar si no estás dispuesto a perder el control de lo que crees estar viendo.

El recuerdo que deja no se parece al de una narración clásica, sino al de un estado. Cuando termina, la pantalla se queda en negro y tú también. Hay un silencio incómodo, una pausa prolongada en la que intentas ordenar lo vivido sin demasiado éxito. No sabes muy bien si acabas de presenciar algo fallido o algo extraordinario. Y lo curioso es que ambas opciones parecen descartarse solas. No es una gran película ni una mala película: es otra cosa. Algo que se sitúa en una zona intermedia, inquietante, imposible de clasificar.

Antes de llegar ahí, sin embargo, el viaje es engañosamente tranquilo. Durante buena parte del metraje, la película se disfraza de relato anodino: un thriller de apariencia televisiva, sobrio hasta el tedio, construido con lugares comunes, sin alardes ni riesgos visibles. Todo parece demasiado reconocible, casi pobre en ambición. Y aun así, sin saber por qué, no puedes apartar la mirada. Hay una extraña fuerza hipnótica que te mantiene dentro, aunque tu intuición te diga que no está pasando nada relevante.

Ese espejismo se rompe de forma abrupta. Sin previo aviso, la película se desliza hacia un terreno incómodo, enfermizo, filmado con una crudeza que descoloca. El ambiente se vuelve denso, casi físico, y cada plano introduce una incomodidad nueva. Lo que parecía convencional se revela como una trampa. El giro no solo transforma la historia, sino también tu relación con ella: ya no miras desde fuera, estás atrapado dentro. Y, contra todo pronóstico, incluso sonríes ante lo perturbador del conjunto, consciente de que estás asistiendo a algo profundamente extraño.

Cuando todo acaba, la sensación no se disipa. Permanece. Como una paranoia leve, como la certeza de haber visitado un lugar al que no se regresa dos veces. Quizá no sea una obra maestra, quizá tampoco una monstruosidad cinematográfica, pero sí algo irrepetible. Una experiencia que no se explica del todo, solo se sobrevive.

Comentarios

  1. No es lo mejor de Brian De Palma, pero la pelicula engancha, en ella ya podemos apreciar la admiración de Brian De Palma por Alfred Hitchcock. Suspense y unas gotas de erotismo es la propuesta de este largometraje.

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