EL CINE DE LOS AÑOS 70.
FRÍA COMO UN DIAMANTE (1973)
REPARTO: DONALD SUTHERLAND, JENNIFER O’NEILL, ROBERT DUVALL, PATRICK MAGEE, JON CYPHER, PERRY LOPEZ, DANA ELCAR, ERIC BRAEDEN, BUFFY DEE, CHARLES J. SWEPENISER, ZVEE SCOOLER, EDWARD BIAGIANTI
DIRECTOR: TOM GRIES
MÚSICA: PERRY BOTKIN
PRODUCTORA: NATIONAL GENERAL PICTURES RELEASE
DURACIÓN: 84 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Donald Sutherland vuelve a encarnar ese tipo de personaje que parece hecho a su medida: un profesional impecable en lo que hace, pero con un punto de depravación que aflora en gestos, miradas y su sonrisa cargada de malicia. En esta ocasión, el actor interpreta a un inspector de seguros en la pista de ladrones de joyas, un rol que, a primera vista, promete el encanto habitual de sus interpretaciones: elegancia, picardía y un deje de riesgo.
El arranque es prometedor. Los personajes se presentan con claridad, Sutherland despliega su habitual magnetismo y la incorporación de Robert Duvall, en el papel de policía vigilante que supervisa los excesos del detective, añade tensión y profesionalidad a la narrativa. Durante la primera media hora, la película tiene ritmo y energía: diálogos ágiles, escenas de acción contenidas y el clásico sabor de los setenta, con actores que parecen divertirse en pantalla. Uno se ilusiona con otra gran actuación del veterano actor y con un entretenimiento ligero pero sólido.
Sin embargo, pronto se hace evidente que la premisa no da para tanto. A partir de ese punto, la película se estira de manera artificial: escenas que podrían durar un minuto se alargan innecesariamente, persecuciones que se repiten sin novedad y diálogos que vuelven a circular sobre lo mismo. El marido de la joven protagonista mantiene la misma actitud monótona, la chica sigue con sus poses confusas, y Duvall repite advertencias ya dichas, como si el espectador necesitara recordatorios constantes de lo evidente. Lo que comenzó como un relato ágil se transforma en un desarrollo repetitivo y monótono, donde los personajes parecen girar en bucle.
El desenlace final resulta igualmente decepcionante: previsible, poco trabajado y tan superficial como cualquier episodio semanal de la televisión de la época. A pesar de contar con un reparto de primera, con Sutherland y Jennifer O’Neill al frente, la película no consigue sostener el interés más allá de su arranque.
En resumen, es una obra que comienza con promesa pero se diluye por un guion estirado y escaso de ideas, donde el talento actoral apenas puede brillar. Solo los seguidores incondicionales de Sutherland o de O’Neill encontrarán motivos para mantener la atención. Para el resto, se trata de una oportunidad desperdiciada.


Se deja ver en parte por el buen hacer de Donald Sutherland, pero la pelicula resulta un tanto desconcertante tanto en el enfoque de algunos protagonistas como en la historia en general.
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