EL WESTERN CONTEMPORANEO ESPAÑOL QUE DIRIGIO EMILIO ARAGON CON ROBERT DUVALL.
A veces los proyectos más obstinados encuentran su camino por sendas inesperadas. Durante años, Robert Duvall guardó en un cajón la historia de un viejo ranchero que se negaba a rendirse ante el tiempo. Era un western íntimo, de despedidas tardías y carreteras polvorientas, que acabaría tomando forma en Una noche en el viejo México. Faltaba un director dispuesto a entender el tono crepuscular del relato… y apareció, casi como un giro de guion, el nombre de Emilio Aragón.La elección desconcertó a muchos. Aragón, figura polifacética en España, no era un nombre habitual del western americano. Pero la afinidad creativa surgió de inmediato. Entre conversaciones sobre fútbol, cine clásico y comidas compartidas, el actor encontró en el director español a alguien que comprendía la melancolía del personaje. El rodaje en Texas confirmó la intuición: la película avanzaba con una mezcla de urgencia y entusiasmo, sostenida por un presupuesto modesto y apenas veintitrés días de trabajo.
En pantalla, Duvall encarna a Red Bovie, un hombre obligado a abandonar su tierra que emprende viaje hacia México junto a un nieto casi desconocido. El trayecto, mitad road movie, mitad western crepuscular, se llena de encuentros ambiguos, noches excesivas y revelaciones tardías. Entre los rostros que se cruzan en su camino destacan Luis Tosar, con su presencia amenazante, y Angie Cepeda, aportando magnetismo y misterio a esa travesía hacia el ocaso.
Fuera de cámara, el entendimiento era igual de natural. Duvall, con su humor seco, recordaba al director español con anécdotas culinarias; Aragón, por su parte, admiraba la precisión psicológica con la que el actor construía cada gesto. Incluso dejó su firma musical en la película, componiendo junto a Julieta Venegas una banda sonora que respiraba nostalgia fronteriza.
Quizá por eso la película se siente como un encuentro improbable entre dos miradas: la de una leyenda que quería despedirse del western a su manera y la de un cineasta que encontró en el desierto texano su propia aventura americana. En ese cruce de caminos, entre tequila, polvo y memoria, el cine recordó que las historias más tercas siempre terminan encontrando su frontera… y su noche.

No la he visto, simplemente porque no he tenido ocasión de verla, teniendo a Robert Duvall dentro, por mucho que el director sea Emilio Aragón, me tomaría un rato para ver que tal.
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