EL RETORNO DE WALPURGIS (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70



EL RETORNO DE WALPURGIS (1973)
REPARTO: PAUL NASCHY, FABIOLA FALCON, MARIANO VIDAL MOLINA, MARITZA OLIVARES, JOSE MANUEL MARTIN, MARIA SILVA, ELSA ZABALA, EDUARDO CALVO, ANA FARRA, FERNANDO SANCHEZ POLACK, INES MORALES, SANTIAGO RIVERO
DIRECTOR: CARLOS AURED
MÚSICA: ANTON GARCIA ABRIL
PRODUCTORA: LOTUS FILMS
DURACIÓN: 84 min.

Tras una etapa de intensa actividad creativa en la que Paul Naschy alternó colaboraciones con Carlos Aured y varias aventuras en solitario alejadas —momentáneamente— de la licantropía, el universo de Waldemar Daninsky volvía a expandirse con un cruce tan clásico como sugerente: hombres lobo, vampirismo y el eco del linaje Bathory. Un retorno a terrenos más reconocibles después del desvío excesivo y casi psicodélico que había supuesto su enfrentamiento con Jekyll y Hyde.

Aquí, Naschy juega al desdoblamiento desde el arranque, interpretando no solo a Waldemar sino también a su antepasado, el inquisidor Ireneus, en un prólogo que establece el origen de una maldición nacida entre rituales demoníacos, brujería y violencia primitiva. Desde ese momento, el film se alinea con una concepción más ortodoxa del mito, donde lunas llenas, sangre y condena hereditaria marcan el destino inevitable de los Daninsky.

El tono, más contenido y menos desatado que en anteriores entregas, convierte esta secuela en una propuesta más equilibrada. Es menos caótica, sí, pero también más sólida, algo que se agradece o se lamenta según el grado de afinidad que se tenga con el Naschy más desbordado. Bajo la dirección de Aured, la película encuentra un ritmo firme, un metraje ajustado y una puesta en escena cuidada, con abundancia de carne —en todos los sentidos— especialmente visible en la versión internacional.

El reparto femenino refuerza el aura seductora del conjunto. María Silva encarna a una condesa Bathory tan elegante como amenazante, acompañada por Maritza Olivares y Fabiola Falcón, figuras atrapadas inevitablemente por el magnetismo trágico de Waldemar. Todo ello envuelto en escenarios naturales de Toledo y Madrid, quizá los efectos especiales más memorables del film.

De todas las encarnaciones de Daninsky, esta es probablemente la más fiel al modelo clásico de Larry Talbot: un hombre refinado, atormentado, consciente de su maldición y, aun así, incapaz de escapar de ella. Un ejemplo representativo del “espaniel horror film”, eficaz, bien armado y orgulloso de su identidad, erotismo de garrafón incluido.


Comentarios

  1. No esta a la altura de La noche de Walpurgis, pero si que se deja ver con agrado, siendo una buena muestra del fantaterror nacional. Puede que sea la entrega de la saga que se asemeja mas a los films de la Universal sobre la licantropía, dejando de lado los enfrentamientos del bueno de Waldemar con otros seres del universo terrorífico.

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