EL LADO OSCURO DE JULIE ANDREWS.
A veces la memoria del cine es caprichosa. Pensar en la niñera que descendía del cielo con su paraguas en Mary Poppins suele llevarnos a la dulzura intacta de la infancia, a la voz cristalina de Julie Andrews cantando entre cometas y chimeneas. Pero el recuerdo no siempre es unánime. Para Richard Harris, la actriz detrás de aquella figura luminosa dejó una impresión muy distinta, marcada por el desencuentro y la incomodidad.Harris, recordado por encarnar al primer Albus Dumbledore en la saga de Harry Potter y por su presencia poderosa en Gladiator, coincidió con Andrews en 1966 durante el rodaje de Hawaii, dirigida por George Roy Hill. La película narraba el viaje espiritual de la joven Jerusha Bromley, que abandonaba Nueva Inglaterra junto a su marido reverendo rumbo a las islas del Pacífico para evangelizar a los nativos. Harris interpretaba al capitán Rafer Hoxworth, el hombre que despertaba en ella un amor más humano, más terrenal.
En la pantalla, sus personajes compartían pasión y destino; fuera de ella, la relación fue áspera. Harris llegó a confesar en conversaciones recogidas por su biógrafo Michael Feeney Callan que rara vez había sentido tanta animadversión hacia alguien como durante aquel rodaje. Sospechaba que su carácter expansivo y su afición a la fiesta irritaban a Andrews, y recordaba con ironía pequeñas provocaciones en el set que tensaban aún más el ambiente.
Décadas después, Andrews respondió con elegancia distante, restando gravedad al episodio. Atribuyó el mal clima a la juventud, al cansancio, quizá a la cerveza que Harris reconocía beber entonces con entusiasmo. No hubo reproches encendidos ni ajuste de cuentas tardío, solo el eco leve de una colaboración difícil entre dos intérpretes destinados a quedar unidos para siempre en la memoria del cine.
Porque el cine, como la vida, está hecho de contrastes. La mujer que para muchos seguirá siendo la voz de la inocencia pudo ser, para otro actor, un recuerdo incómodo. Entre focos, canciones y decorados exóticos, incluso las leyendas tienen sus sombras. Y esas sombras, a veces, cuentan otra historia.

Seamos realistas, todo el mundo en este planeta tiene su lado oscuro, y es que eso de por si forma parte de la naturaleza humana.
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