EL JOROBADO DE LA MORGUE (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70.



EL JOROBADO DE LA MORGUE (1973)
REPARTO: PAUL NASCHY, ROSANNA YANNI, VICTOR BARRERA, MANUEL DE BLAS, MARIA ELENA ARPON, ANTONIO PICA, ALBERTO DALBES, MARIA PERSCHY, SUSAN TAFF, SATURNO CERRA, ANTONIO MAYANS, SOFIA CASARES, FERNANDO SOTUELA
DIRECTOR: JAVIER AGUIRRE
MÚSICA: CARMELO A. BERNAOLA
PRODUCTORA: EVA FILM
DURACIÓN: 82 min.
PAÍS: ESPAÑA
Vista hoy, El jorobado de la morgue sigue siendo una de esas películas que obligan a un cierto reajuste mental. Rodada en Vielha, en pleno Pirineo leridano, pero ambientada —como tantas producciones del fantaterror español del tardofranquismo— en una Alemania tan difusa como imaginaria, la cinta pertenece a esa tradición de desplazamientos geográficos ficticios que buscaban universalizar el relato y esquivar, de paso, cualquier anclaje demasiado reconocible con la realidad nacional.

La fama que la rodea, su condición casi de obra de culto dentro del género, resulta cuando menos discutible. Estamos ante una película que funciona por acumulación, por exceso, por una mezcla desacomplejada de mitos y referentes que roza lo delirante. Aquí conviven, sin jerarquía ni verdadera integración, La bella y la bestia, el arquetipo del científico loco condenado por su hybris, ecos evidentes de Frankenstein, pinceladas vagamente lovecraftianas, el inevitable Quasimodo de Victor Hugo y hasta el viejo tema de los ladrones de cadáveres. El resultado no es tanto un mosaico coherente como un collage caótico: una sucesión de ideas superpuestas que delatan más indecisión creativa que audacia.

El habitual romanticismo gótico de los personajes interpretados por Paul Naschy —tan asociado a Valdemar Daninsky— adopta aquí una forma más grotesca y deformada. Gotho no es un monstruo trágico, sino una criatura borderline, a medio camino entre la compasión y la repulsión. Hay escenas que rozan lo esperpéntico, como ese combate con ratas envueltas en llamas que parece sacado de un delirio febril, y que resume bien el tono excesivo de la propuesta.

Visualmente, la película tampoco parece tener claro qué quiere ser. Oscila entre espacios inequívocamente góticos —mazmorras, túneles, pasadizos subterráneos— y otros fríos y funcionales, como la morgue, el hospital o el laboratorio. Esa alternancia, lejos de enriquecer el conjunto, acentúa la sensación de refrito deslavazado. El omnipresente tanque de ácido, recurso ya gastado incluso entonces, termina de subrayar la falta de imaginación.

Ahora bien, esa misma falta de complejos es, paradójicamente, uno de sus mayores atractivos. La mezcla de erotismo turbio, morbo y violencia —la relación entre el deforme Gotho y el personaje de Rossana Yanni, los secuestros de chicas del reformatorio para los experimentos del científico interpretado por Alberto Dalbes— sitúa la película en un territorio incómodo, donde el deseo, el horror y la pulsión enfermiza se confunden sin demasiadas explicaciones.

Aguirre dirige con solvencia, sin alardes, y Maria Perschy vuelve a demostrar que incluso en papeles mínimos aportaba una presencia notable. Nada de eso, sin embargo, logra ocultar que el conjunto está lastrado por clichés y una factura técnica muy irregular. La aparición del “primordial”, por ejemplo, resulta involuntariamente cómica, más cercana a un amasijo de fideos que a una entidad surgida del abismo. Y cuesta no fijarse en una chepa que parece desplazarse caprichosamente de plano a plano.

Con todo, El jorobado de la morgue se deja ver con más agrado que muchas otras películas protagonizadas por Naschy en la misma época. Quizá porque aquí encarna a un antihéroe más gamberro y menos solemne que su eterno hombre lobo, quizá porque el tono lúdico, violento y excesivo acaba imponiéndose. Es una película descarada, desquiciada y profundamente irregular, pero también sorprendentemente entretenida, y con algunas escenas lo bastante brutales como para haber resultado incómodas en el contexto del cine español de su tiempo.

Se le perdona casi todo por eso: por su desparpajo, por su falta de vergüenza y por esa capacidad tan característica del fantaterror español para convertir el disparate en espectáculo.


Comentarios

  1. Una Fanta terrorífica pelicula protagonizada por Paul Naschy en la piel del jorobado Gotto, la pelicula tiene un aire de cine de terror gótico impregnado de romanticismo. Se deja ver.

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