EL FILM BELICO QUE SIRVIO DE INSPIRACIÓN PARA QUENTIN TARANTINO.
A finales de los años ochenta, Hollywood comenzó a mirar la guerra de Vietnam con una distancia suficiente como para atreverse a examinar sus cicatrices. Tras el impacto cultural de El cazador y Apocalypse Now, una nueva generación de películas abordó el conflicto desde ángulos más directos y descarnados, desmontando cualquier épica posible. Títulos como Platoon o La chaqueta metálica transformaron la experiencia bélica en un espejo incómodo, reflejando tanto el trauma de los soldados como la devastación infligida a la población civil.En ese contexto llegó Corazones de hierro, una de las obras más sombrías de Brian De Palma y, paradójicamente, una de las menos discutidas de su filmografía. Estrenada en 1989, la película se aparta de los juegos formales que habían definido al director para abrazar un realismo áspero, casi asfixiante. Basada en un hecho real ocurrido en 1966, la historia se centra en una patrulla estadounidense enviada a las Tierras Altas Centrales de Vietnam, donde la brutalidad cotidiana del conflicto desemboca en un crimen imposible de justificar.
El sargento Meserve, interpretado por un inquietante Sean Penn, lidera al soldado Eriksson (Michael J. Fox) y a otros compañeros marcados por el cansancio, el miedo y la pérdida reciente de un amigo en combate. Antes incluso de adentrarse en la selva, Meserve expone un plan que cruzará una línea moral irreversible: secuestrar a una joven vietnamita como botín humano, una grotesca idea de descanso en mitad del infierno. A partir de ahí, De Palma construye un relato que no busca excusas ni matices cómodos, sino confrontar al espectador con la lógica perversa del grupo y la fragilidad de la ética individual bajo presión.
Corazones de hierro supuso para De Palma una madurez artística evidente. Al despojarse de su habitual estilización, el director entrega una visión concentrada de las consecuencias morales de la guerra, reduciendo el conflicto a un microcosmos donde la obediencia ciega y la camaradería mal entendida se convierten en herramientas de destrucción.
No es casual que Quentin Tarantino haya señalado esta película como la mejor jamás rodada sobre Vietnam. La admiración del cineasta por De Palma es conocida, y en Corazones de hierro encontró una lección esencial sobre cómo filmar la intimidad del dolor. En particular, una escena temprana en la que el personaje de Penn cuida a un compañero herido dejó una huella directa en Reservoir Dogs. Tarantino no la reprodujo plano a plano, pero sí absorbió su carga emocional para dar forma a los momentos en los que el Sr. White intenta mantener con vida al Sr. Orange.
Así, aunque separadas por género, tono y universo narrativo, ambas películas dialogan en lo esencial: la forma en que el cine puede capturar la vulnerabilidad humana en medio de la violencia. Corazones de hierro permanece como una obra incómoda y necesaria, no solo dentro del cine bélico, sino como una de las piezas clave para entender la influencia silenciosa de Brian De Palma en el cine contemporáneo.

Es una pelicula correcta, pero no creo que sea una fuente de inspiración al menos para mi.
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