EL CONSEJO QUE LE DIO JOHN WAYNE A MICHAEL CAINE CUANDO SE CONOCIERON.
En la memoria colectiva del cine clásico, la figura de John Wayne aparece rodeada de una mezcla de mito y carne real. Era el héroe de voz grave que cabalgaba hacia el horizonte, pero también un hombre que sabía reírse de su propia leyenda. Lo hacía con frases que parecían sacadas de un guion de wéstern, sentencias rotundas sobre el valor, la estupidez o la riqueza que, más que dogmas, revelaban su forma directa de entender el mundo.Años después, otro gigante del oficio evocaría el encuentro con ese icono. Fue Michael Caine quien, ya octogenario, recordó en el plató de The Graham Norton Show cómo, siendo un actor joven y algo perdido en Hollywood, vio aterrizar un helicóptero del que descendió Wayne con su inseparable sombrero. El británico, alojado en el The Beverly Hills Hotel, pasaba los días esperando cruzarse con alguien conocido. Y aquel encuentro inesperado fue más que un saludo: Wayne, tras reconocerle por Alfie, le regaló un puñado de consejos lacónicos —hablar bajo, hablar despacio, no decir tonterías— y uno tan curioso como memorable: nunca usar zapatos de ante. Era humor, pero también una advertencia sobre la fama, sobre ese instante inevitable en que el anonimato se evapora incluso en el baño de caballeros.
No fue la única historia que los unió. En otro programa, Des O'Connor Tonight, Caine recordó un acto benéfico en el que Wayne aceptó subir al escenario a cambio de una donación. El texto que debía leer resultó ser el monólogo de Hamlet, de William Shakespeare. El contraste era perfecto: la voz del cowboy enfrentada a la duda existencial del príncipe danés. Tras unos versos, el actor se detuvo y preguntó, con su acento del Medio Oeste, quién demonios había escrito aquello. La carcajada fue instantánea.
Nunca coincidieron en una película, pero sus caminos se cruzaron en la frontera difusa de una misma época. Cuando Wayne murió en 1979, Caine ya era una estrella consolidada. Quizá siguió aquellos consejos, quizá no. Pero en el eco de esa anécdota queda algo más valioso: la certeza de que, detrás del mito del pistolero, había un hombre que entendía la fama con ironía y el oficio con una sinceridad desarmante. Y eso, como en los viejos wésterns, es lo que permanece cuando el polvo del camino se asienta.

Menuda celebración junto a John Wayne, están ni mas ni menos que el propio Caine, Ernest Borgnine, Lee Marvin, Clint Eastwood, Rock Hudson y James Stewart. Casí na al aparato.
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