EL ACTOR ESPAÑOL QUE RECHAZO A FRANCIS FORD COPPOLA.

 EL ACTOR ESPAÑOL QUE RECHAZO A FRANCIS FORD COPPOLA.

Mucho antes de que Megalópolis volviera a colocar su nombre en el centro del debate cinematográfico, Francis Ford Coppola ya había ensayado un regreso silencioso, casi íntimo, con Tetro. Tras años apartado del foco industrial, el director de El Padrino y Apocalypse Now no necesitaba reivindicar nada; su legado hablaba con la autoridad de los clásicos. Y, sin embargo, eligió volver con una historia pequeña en escala, pero inmensa en pulsión emocional.

Ambientada en Buenos Aires y atravesada por raíces italianas, Tetro se adentra en el laberinto psicológico de una familia marcada por la figura imponente de un padre director de orquesta. En el centro está Angelo, que se hace llamar Tetro (Vincent Gallo), un hombre escindido de su pasado, refugiado en la penumbra de los teatros y en una vocación literaria tan frágil como su identidad. Vive junto a Miranda (Maribel Verdú), psicóloga devenida compañera sentimental, en una relación que oscila entre la dependencia y el afecto genuino.

La llegada de Bennie (Alden Ehrenreich), el hermano menor, reabre las cicatrices. No es solo un reencuentro: es la irrupción de lo reprimido. Bennie busca respuestas; Tetro, en cambio, ha construido su vida sobre la negación. Coppola convierte esa tensión en materia visual, rodando en un blanco y negro elegante, de contrastes expresivos, junto al director de fotografía Mihai Malaimare Jr. El color irrumpe apenas en los flashbacks, como si el pasado —doloroso y vibrante— se resistiera a quedar sepultado en la monocromía del presente.

El rodaje no fue sencillo. Maribel Verdú lo recordó como una experiencia exigente, casi una prueba de resistencia personal. Trabajar con Coppola no era solo un privilegio: implicaba entrar en una dinámica creativa intensa, vulnerable, donde el miedo y la entrega convivían en cada jornada.

La propia gestación del reparto refleja ese carácter mutable del proyecto. Javier Bardem fue la primera opción para interpretar al mentor de Tetro, pero los calendarios y decisiones personales lo apartaron de la producción. Coppola, lejos de aferrarse al plan inicial, reescribió el personaje y lo transformó en mujer. Así llegó Carmen Maura, aportando una nueva energía a la relación entre artista y benefactor, dotándola de una ambigüedad distinta, quizá más compleja.

En Tetro no hay la grandilocuencia épica de otras obras del director. Lo que hay es un cineasta explorando la fragilidad del talento, la sombra de los padres y el peso insoportable de los lazos familiares. Una película que no busca el aplauso unánime, sino la confesión. Y en esa confesión, Coppola volvió a mirarse —y a mirarnos— con la honestidad de quien sabe que las grandes batallas, a veces, no se libran en la guerra, sino en el interior de una casa.



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