EL OJO CRITICO
DIABLO (2025)
REPARTO: SCOTT ADKINS, MARKO ZAROR, LUCHO VELASCO, JASON GURVITZ, DIANA HOYOS, ALANNA DE LA ROSSA, MARIA DEL ROSARIO BARRETTO, JUAN CAMILO CASTILLO, JAIME CORREA, HAMILTON CASAS, HEDRAS URREGO
DIRECTOR: ERNESTO DIAZ ESPINOZA
MÚSICA: CLAUDIO ROCCO
PRODUCTORA: LIONSGATE
DURACIÓN: 91 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Diablo llega como un rugido seco al panorama del cine de acción contemporáneo: una película que sabe exactamente qué quiere ser, y lo asume sin complejos ni titubeos. Dirigida por Ernesto Díaz Espinoza, esta fábula de venganza moderna coloca a Scott Adkins en el centro de un relato primitivo y visceral, donde cada golpe, cada persecución y cada gesto está dictado por la tensión física más que por los matices narrativos. La premisa es tan elemental como eficaz: Kris Chaney, un hombre salido de la cárcel, emprende una misión desesperada para cumplir una promesa, arrastrándolo al territorio brutal de Colombia y a la implacable caza de un asesino despiadado.
Lo más admirable de Diablo es, sin duda, su compromiso con la acción coreografiada. Adkins, veterano del género con años de peleas espectaculares a sus espaldas, no ha perdido ni un ápice de contundencia: su presencia en pantalla sigue siendo un espectáculo en sí mismo, y cada intercambio físico tiene un peso que pocas producciones de este tipo logran capturar. Los duelos —especialmente los que enfrenta con Marko Zaror, un villano obsesivo y sin piedad— son torrentes de fuerza y precisión, un recordatorio de que en el cine de acción aún es posible encontrar poesía en el combate cuerpo a cuerpo.
Sin embargo, ese mismo compromiso con la adrenalina es a la vez su límite. Diablo se mueve con la intensidad de un puñetazo, pero también tropieza con la sencillez de su propio diseño: el guion se siente lineal, discursivo cuando intenta profundizar y superficial cuando quiere emocionar. Los personajes, más allá de su rol en la acción, carecen de una verdadera dimensión que nos conecte con sus motivaciones internas; y aunque hay tentativas de explorar vínculos humanos —como la relación entre Kris y la joven que debe proteger— estos momentos se desvanecen ante el empuje incesante del espectáculo físico.
El resultado es un thriller que funciona mejor cuando renuncia a brillar y se entrega a la contundencia de sus propias reglas. Diablo no inventa nada nuevo, pero revitaliza con músculo y honestidad el cine de impacto: una película que, si se juzga por la emoción que genera en cada escena de lucha, cumple su promesa y deja al espectador con el pulso elevado mucho después de los créditos.


Donde mejor se defiende este largometraje son en las escenas de acción, el resto resulta demasiado previsible, notándose que es una serie B muy baratita. Lo mejor Scott Adkins y el villano de la funcion.
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