CHRISTOPHER NOLAN ENCIENDE LAS ALARMAS ANTE LA POSIBLE COMPRA DE WARNER BROS POR PARTE DE NETFLIX.

 CHRISTOPHER NOLAN ENCIENDE LAS ALARMAS ANTE LA POSIBLE COMPRA DE WARNER BROS POR PARTE DE NETFLIX.

Christopher Nolan no ha elegido un momento cómodo para asumir la presidencia del Sindicato de Directores de Estados Unidos, y tampoco ha suavizado su diagnóstico. En su primera entrevista al frente del DGA, el cineasta describe un Hollywood en plena zona de riesgo, sacudido por una transformación industrial que amenaza con alterar de manera irreversible la relación entre el cine y las salas de exhibición. El problema, advierte, no es abstracto ni lejano: la posible desaparición de los grandes estudios tradicionales podría marcar un antes y un después para el futuro del cine tal y como lo conocemos.

Mientras trabaja en La Odisea, su ambiciosa reinterpretación del poema de Homero, Nolan observa con preocupación un escenario en el que la concentración de poder en manos de las plataformas redefine las reglas del juego. La eventual absorción de estudios históricos como Warner Bros. por conglomerados dominados por la lógica del ‘streaming’ no sería solo una operación empresarial más, sino un golpe directo a la estructura cultural del cine. Menos estudios implica menos agentes comprometidos con estrenos en salas, y con ello, un debilitamiento progresivo del modelo teatral.

Para Nolan, el debate va más allá de la ventana de exhibición. La reducción del paso por cines a un gesto simbólico refleja algo más profundo: el riesgo de que los estudios dejen de actuar como motores creativos del cine en pantalla grande para convertirse en simples proveedores de contenido dentro de plataformas orientadas al consumo inmediato. Aunque reconoce ciertos indicios esperanzadores, el director se muestra escéptico ante promesas que no se traducen en compromisos reales.

El dato que más inquieta al cineasta resume la paradoja actual de la industria: el público no ha dejado de gastar en entretenimiento, pero el empleo en el sector ha caído de forma drástica, hasta un 40 %. El cine sigue importando a los espectadores, pero el sistema ya no reinvierte en quienes lo hacen posible. Esa fractura, advierte Nolan, amenaza tanto a los trabajadores como al propio concepto de experiencia cinematográfica.

En juego no está solo la supervivencia de miles de profesionales, sino la continuidad del cine como acto colectivo: una historia compartida en la oscuridad de una sala, sin interrupciones, entendida no como un producto más, sino como una experiencia cultural irrepetible.





Comentarios

  1. No quiero ser pájaro de mal agüero, pero desde que surgieron estas plataformas de streaming el cine en la gran pantalla esta sentenciado, y la compra por parte de Warner Bros por parte de Netflix lo acelerara.

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