VILLANOS DE CINE
PIERO LULLI
Piero Lulli (1 de febrero de 1923 - 23 de junio de 1991)
La trayectoria de Piero Lulli encierra la solidez de esos actores que, sin necesidad de primeros planos constantes, sostienen con firmeza el pulso de décadas de cine popular. Nacido en Florencia el 1 de febrero de 1923, Lulli perteneció a una generación de intérpretes italianos que atravesaron, con admirable versatilidad, los cambios de rumbo de la industria, desde el melodrama italiano de posguerra hasta el auge del “spaghetti western”, pasando por las aventuras épicas y el policiaco setentero.
Su debut cinematográfico llegó a finales de los años cuarenta, cuando el panorama nacional buscaba nuevos rostros tras los estragos de la guerra. Lulli supo encajar con naturalidad en ese periodo turbulento: su presencia física, rotunda y bien perfilada para papeles de autoridad, lo convirtió pronto en una figura habitual en producciones históricas y bélicas. Con el tiempo, su nombre se volvió sinónimo de profesionalidad, de un intérprete capaz de dotar de consistencia a cualquier secundario.
La década de los cincuenta lo situó en pleno auge del cine de aventuras italiano, ese terreno fértil en el que convivían epopeyas clásicas, misiones militares y dramas de época. Lulli encadenó proyectos sin renunciar a ninguno de los géneros que pasaban por sus manos, demostrando una ductilidad que lo mantendría en activo durante más de treinta años. Su rostro comenzó a hacerse familiar incluso fuera de Italia, gracias a coproducciones europeas que circulaban con éxito por salas de medio continente.
Pero sería en los sesenta cuando su figura hallaría su espacio más recordado: el spaghetti western. Mientras el género crecía al calor de Leone y se expandía en decenas de títulos rodados en España e Italia, Lulli se convirtió en uno de sus rostros esenciales. Su dureza natural, la forma en que sostenía la mirada o cómo modulaba una violencia contenida, lo hicieron perfecto tanto para villanos curtidos como para hombres de moral ambigua. Películas como Requiem per un gringo, Una lunga fila di croci o La morte non conta i dollari consolidaron esa imagen de actor fiable, siempre dispuesto a aportar empaque a los personajes secundarios que daban textura al relato.
Con la llegada de los setenta, el western comenzó a desvanecerse, pero Lulli no perdió terreno. Se adaptó, de nuevo, a los tiempos: participó en cintas policiacas, thrillers violentos y aventuras de corte más moderno, manteniendo intacta su capacidad para encajar en la maquinaria del cine de género italiano, que seguía produciendo a un ritmo frenético. Su rostro, sereno y a la vez contundente, se convirtió en un signo de identidad de una era del cine europeo donde el oficio y la versatilidad valían tanto como el protagonismo.
Piero Lulli se retiró discretamente con los cambios industriales que golpearon al cine italiano en los ochenta. Falleció en Roma el 23 de junio de 1991, dejando tras de sí una filmografía vasta y representativa de todo un periodo histórico. No fue una estrella en el sentido tradicional, pero sí uno de esos pilares silenciosos sin los cuales no puede entenderse la riqueza del cine popular europeo.
Recordarlo hoy supone volver a un tiempo en el que los actores de carácter construían, película a película, la arquitectura invisible de cada género. Lulli, con su mirada firme y su presencia compacta, pertenece a esa estirpe admirable de intérpretes que levantaron un cine entero desde la constancia y la dignidad profesional.
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ResponderEliminarUno de los rostros mas reconocibles del spaghetti-western y del peplum casi siempre en roles de villano. Lo recuerdo en peliculas como Llega Sartana, Cazador de recompensas, Ha llegado Sartana, Oro maldito,.... Un buen actor.