EL OJO CRITICO
PRETTY THING (2025)
REPARTO: ALICIA SILVERSTONE, KARL GLUSMAN, CATHERINE CURTIN, SERGI MARTOS, BRITNE OLDFORD, MONICA RAE SUMMERS GONZALEZ, KYLE BARY, PAUL McCALLION, JOHN WOLLMAN, ESTEBAN BENITO, MIKE ROB, TAMMY BLANCHARD
DIRECTOR: JUSTIN KELLY
MÚSICA: TIM KVASNOVSKY
PRODUCTORA: YALE PRODUCTIONS
DURACIÓN: 96 min.
PAIS: ESTADOS UNIDOS
En un panorama cinematográfico cada vez más domesticado, donde el riesgo suele quedarse fuera de plano y la provocación se mide con cautela, Pretty Thing aparece como una rareza a medio camino entre lo que fue y lo que ya casi no se permite. Dirigida por Justin Kelly y protagonizada por Alicia Silverstone, la película intenta recuperar un tipo de relato adulto que el cine estadounidense ha ido abandonando con los años: el del deseo incómodo, las relaciones desiguales y las consecuencias que nadie quiere mirar de frente.
La historia se construye alrededor de Sophie, una mujer poderosa, económicamente independiente y dueña de su sexualidad, que se permite disfrutar de encuentros con hombres mucho más jóvenes. Silverstone encarna este personaje con solvencia, aportando elegancia y una seguridad que conecta directamente con la imagen que la lanzó a la fama en los años noventa. Sophie no pide permiso ni disculpas: seduce, decide y se aburre cuando lo desea. Esa libertad es, precisamente, el detonante del conflicto.
El encuentro con Elliot, un camarero sin recursos ni un horizonte claro, marca el punto de inflexión. Lo que comienza como una relación marcada por el deseo y la fascinación se transforma rápidamente en un desequilibrio peligroso. Para él, Sophie representa una oportunidad vital, casi una tabla de salvación; para ella, es un pasatiempo prescindible. La invitación a París, tan impulsiva como reveladora, termina de desnudar la distancia real entre ambos mundos.
A partir de la ruptura, la película se desplaza hacia un terreno más cercano al thriller psicológico, mostrando cómo la obsesión de Elliot crece mientras Sophie se convierte en el blanco de una amenaza que no termina de calibrar. El planteamiento no es especialmente novedoso, pero funciona gracias a la claridad con la que se marcan las diferencias de clase, edad y poder entre los personajes.
Sin embargo, Pretty Thing nunca termina de abrazar del todo su potencial. Le falta cuerpo, riesgo y, sobre todo, sensualidad. El thriller erótico clásico entendía que el deseo debía ser incómodo, visible y provocador. Aquí, en cambio, la película se queda a medio camino, como si temiera incomodar demasiado. El resultado es una propuesta correcta, pero tímida, que evita cruzar ciertas líneas cuando su historia pedía hacerlo.
El desenlace, conservador y poco audaz, refuerza esa sensación de oportunidad perdida. Pretty Thing tenía los elementos para ser una película más incisiva, más perturbadora y más memorable. Quizá su mayor valor esté precisamente en lo que revela sin querer: que el cine estadounidense, para recuperar cierta intensidad perdida, necesita volver a asumir riesgos reales, incluso a costa de incomodar al espectador.


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