PREDATOR: BADLANDS (2025)

 EL OJO CRITICO

PREDATOR: BADLANDS (2025)
REPARTO: ELLE FANNING, DIMITRIUS KOLOAMATANGI, RAVI NARAYAN, MICHAEL HOMIK, REUBEN DE JONG, CAMERON BROWN
DIRECTOR: DAN TRACHTENBERG
MÚSICA: SARAH SCHACHNER, BENJAMIN WALLFISCH
PRODUCTORA: 20TH CENTURY STUDIOS
DURACIÓN: 107 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS, AUSTRALIA, NUEVA ZELANDA, CANADA, ALEMANIA
Con Predator: Badlands, Dan Trachtenberg vuelve a demostrar que entiende el universo Yautja mejor que muchos de los que lo han transitado antes, aunque esta vez decida llevarlo a un territorio más discutible. Tras el acierto de Predator: La presa, el director opta por un enfoque íntimo y casi ascético, reduciendo el relato a lo esencial: un Depredador aislado de su clan y una cacería que no es solo física, sino también simbólica.


La película se sostiene, en gran medida, sobre su potencia visual. El diseño del planeta, hostil y plagado de criaturas grotescas, refuerza constantemente la sensación de amenaza. Las coreografías de combate son precisas, el traje del Depredador resulta imponente y el uso del CGI añade una expresividad sorprendentemente orgánica. Dimitrius Schuster-Koloamatangi se entrega al papel aprendiendo el lenguaje Yautja, un detalle que suma verosimilitud a una criatura que siempre ha funcionado mejor desde lo físico que desde lo verbal. El universo compartido sigue latiendo —la sombra de Weyland-Yutani planea de nuevo—, aunque, una vez más, sin terminar de concretarse.

Trachtenberg demuestra oficio con muy pocos elementos. Apenas dos personajes, el cazador y Elle Fanning, le bastan para construir una experiencia tensa y absorbente, sostenida durante 107 minutos que aíslan al espectador del mundo exterior. Hay ecos de Soy leyenda en ese minimalismo narrativo, en la forma de convertir el entorno en antagonista y en la soledad como motor dramático. También hay una exploración interesante de la cultura Yautja: cómo se mide el honor, el peso del clan y la caza como columna vertebral de su sociedad tribal.

Sin embargo, es precisamente ahí donde la película empieza a resquebrajarse. A mitad del metraje, Predator: Badlands vira hacia una fábula de redención que suaviza en exceso a su criatura central. El intento de humanizar al Depredador —de sugerir culpa, arrepentimiento o necesidad de expiación— diluye aquello que lo hizo icónico desde 1987: su brutalidad metódica, su código salvaje y su enfrentamiento con la inteligencia humana desde una lógica puramente depredadora. Convertir al monstruo en un ser que “siente” va un paso más allá de lo necesario y resta fuerza al mito.

El resultado es una película sólida en términos de acción, ritmo y acabado técnico, pero narrativamente contradictoria. Predator: Badlands enseña mucho sobre la cultura Yautja, sí, pero en su desenlace opta por un camino complaciente que traiciona la esencia del personaje. Porque el verdadero atractivo del Depredador nunca estuvo en su alma, sino en su absoluta falta de humanidad.



Comentarios

  1. Al Predator hasta ahora siempre lo hemos conocido como un villano, pero en esta entrega pasa a ser un héroe y que además trabaja en equipo y no con los de su propia especie, demostrando que siendo un extraterrestre, tampoco esta tan lejano del ser humano. Buenos efectos visuales y entretenimiento a tope.

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