PORQUE ROBERT DUVALL SE NEGO A SER EL PROTAGONISTA DE "TIBURON".

 PORQUE ROBERT DUVALL SE NEGO A SER EL PROTAGONISTA DE "TIBURON".

Hay actores que no necesitan una sola película para demostrar quiénes son. A Robert Duvall le basta con su filmografía completa para imponerse como una presencia inevitable, de esas que no solo interpretan, sino que parecen haber vivido dentro del cine. Ahí están El Padrino, Apocalypse Now, Matar a un ruiseñor, La conversación, El juez… títulos mayores, de esos que se dicen en voz alta y suenan a canon.

Pero incluso las carreras más sólidas tienen esquinas curiosas, giros que podrían haber cambiado todo sin necesidad de romper nada. En el caso de Duvall, hay una ausencia que sigue llamando la atención décadas después: la de Tiburón.

La película que Steven Spielberg estrenó en 1975 —y que hoy se entiende como una piedra angular del blockbuster moderno— nació como una historia de terror oceánico y tensión comunitaria: un pequeño pueblo del este de Estados Unidos, un tiburón que empieza a atacar a bañistas, un alcalde empeñado en mantener las playas abiertas y una cadena de decisiones que convierte el verano en una pesadilla. Al final, como si fuera una película de cazadores y no solo de monstruos, tres hombres terminan formando un equipo improbable para dar caza al animal: un veterano curtido en el mar, un oceanógrafo y el jefe de la policía local.

Ese último papel, el de Martin Brody, pudo haber sido Robert Duvall.

Spielberg lo quería como protagonista. No era un actor desconocido, ni mucho menos: para entonces ya llevaba a sus espaldas casi veinte películas y una reputación que empezaba a consolidarse. Sin embargo, Duvall terminó rechazando la propuesta. No porque despreciara el proyecto, sino por algo casi más revelador: no quería ser el héroe central. Quería ser el otro.

Según explicó en declaraciones a Ain’t It Cool News, el papel que le atraía de verdad era el del cazador de tiburones, Quint, el personaje que acabaría interpretando Robert Shaw. Duvall lo decía sin rodeos, con esa franqueza seca de quien sabe exactamente lo que le interesa como actor: le tiraba la idea de encarnar al pescador portugués, ese lobo de mar lleno de sombras y cicatrices. El problema era simple: se veía demasiado joven para el personaje.

Así que la película siguió adelante sin él, y Brody terminó en manos de Roy Scheider, que acabó construyendo un protagonista perfecto para esa mezcla de suspense, responsabilidad y miedo creciente que exigía Tiburón. Un jefe de policía que no se siente un héroe, pero al que le toca serlo.

La ironía es que, aunque Duvall se bajó del barco justo antes de zarpar, su carrera no quedó precisamente tocada. Al año siguiente protagonizó Network y también Ha llegado el águila, compartiendo pantalla con nombres como Michael Caine y Donald Sutherland. Duvall no perdió el pulso, ni el prestigio, ni la fuerza: simplemente se quedó fuera de una película que iba a marcar época.

Porque Tiburón no solo triunfó: se coronó. Ganó tres premios Oscar —mejor montaje, mejor banda sonora y mejor sonido— y todavía hoy se habla de su música como una lección de terror minimalista, ese latido que convierte el mar en amenaza incluso cuando no vemos nada.

Spielberg, por su parte, no hizo más que confirmar lo que la película insinuaba: que había llegado para quedarse. Vendrían E.T., Parque Jurásico, La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan, Indiana Jones, Los Goonies… un recorrido que parece una cadena de impactos culturales, como si cada década tuviera al menos una película suya grabada en la memoria colectiva.

Y, aun así, el vínculo entre ambos quedó con una especie de nube en el horizonte.

Tiempo después, una polémica enfrió cualquier posibilidad de colaboración futura: el viaje de Spielberg a Cuba y su estancia en la isla con Fidel Castro provocaron la indignación de Duvall, que se mostró durísimo. Llegó a cuestionar públicamente el gesto con palabras incendiarias, comparándolo con la idea de crear un espacio en el Museo del Holocausto para honrar a los cubanos que, según él, Castro había matado. Su postura fue tajante y concluyó con una frase definitiva: no volvería a trabajar en DreamWorks.

Así que la historia quedó como una de esas conexiones imperfectas que tanto le gustan al cine: un director que quiso a un actor, un actor que quiso otro papel, y una película que acabó siendo inmortal sin él… pero que, durante un instante, estuvo a punto de tener su rostro.

Porque a veces el destino del cine funciona así: no siempre el papel más grande es el que te define, y no siempre decir “no” significa perder. A veces, simplemente, significa que una leyenda continúa por otro camino.



Comentarios

  1. El sheriff Brody encarnado por Roy Scheider es un personaje iconico dentro de la historia del cine; y me cuesta ponerle imagen en cualquier otro actor aunque sea tan bueno como lo es Robert Duvall.

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