EL OJO CRITICO
MONSTER ISLAND (2024)
REPARTO: DEAN FUJIOKA, CALLUM WOODHOUSE, ALAN MAXSON, ALEXANDRA T. GOTTARDO, LUCKY MONIAGA
DIRECTOR: MIKE WILUAN
MÚSICA: AKIHIKO MATSUMOTO
PRODUCTORA: GORYLAH PICTURES, SHUDDER
DURACIÓN: 84 min.
PAÍS: SINGAPUR, JAPON, INDONESIA, REINO UNIDO
A veces conviene ajustar el listón antes de sentarse frente a según qué películas. No todo aspira a lo mismo ni juega en la misma liga, y medirlo todo con idéntica severidad suele ser una trampa. Orang Ikan pertenece claramente a ese cine que pide comprensión de partida: si se analiza con el ceño fruncido, las costuras saltan enseguida; si, en cambio, se entra en su juego pulp y de serie B, la experiencia resulta bastante más agradecida. Es una propuesta modesta, directa y sin rodeos, que sabe exactamente hasta dónde puede llegar.
La historia es mínima y no pretende ser otra cosa. Un soldado japonés considerado traidor y un prisionero británico sobreviven al bombardeo del barco militar que los transporta y despiertan encadenados en una isla perdida. Enemigos obligados a convivir, sin idioma común y con recursos ridículos, descubren pronto que el verdadero problema no es su pasado bélico, sino una criatura que se mueve entre la selva y las sombras. A partir de ahí, el relato se limita a lo esencial: supervivencia, tensión y una amenaza constante que no da tregua.
Mike Wiluan, que escribe y dirige, vuelve a demostrar su gusto por el cine de género más primario, con ecos evidentes de Enemy Mine y de las viejas novelitas de terror y aventuras. La producción es tan limitada como evidente: pocos actores, localizaciones contadas y una duración que ronda los 80 minutos, lo justo para no agotarse ni fingir profundidad donde no la hay. Podría encajar sin problemas como episodio largo de una antología fantástica.
Las interpretaciones cumplen dentro de lo que exige el planteamiento. Dean Fujioka destaca más por el carisma silencioso de su personaje que por un lucimiento interpretativo clásico, mientras que la química con Callum Woodhouse funciona pese a lo acelerado del desarrollo. Hay pocos diálogos, casi por necesidad, y todo se apoya en gestos, miradas y acciones rápidas.
Donde la película se vuelve especialmente curiosa es en su monstruo. El diseño recuerda descaradamente al clásico engendro de la laguna, con ese aire de traje de goma que resulta tan cutre como entrañable. Es imposible no pensar en el pobre actor enfundado en el disfraz bajo el sol del Pacífico. Y, paradójicamente, ahí surge una reflexión involuntaria: ¿quién es realmente el villano? La criatura está en su territorio, atacada por dos intrusos desesperados. Su ferocidad parece casi lógica, lo que hace que el odio hacia ella esté poco trabajado.
Orang Ikan es honesta, va al grano y ofrece un par de escenas de gore bastante efectivas. No sorprende, no innova y pasa por encima de cualquier desarrollo profundo, pero tiene algo entrañable que la hace memorable. De esas películas pequeñas que, sin pedir permiso ni disculpas, acaban ganándose un lugar simpático en la memoria cinéfila.


El film como bien dice el comentario, me recuerdo a Infierno en el Pacifico el film de John Boorman con Lee Marvin y Toshiro Mifune, pero también me recuerda a Predator pero con la pinta de El monstruo de la laguna, todo con un aire muy de serie y muy cincuentera. Un producto de terror que te hace pasar un aire entretenido y nostálgico a la vez.
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