LOUIS DE FUNES, SUS ORIGENES GALLEGOS.

 LOUIS DE FUNES, SUS ORIGENES GALLEGOS.

Antes de que el público lo identificara con explosiones de cólera, muecas imposibles y una gestualidad casi sobrenatural, Louis de Funès fue, ante todo, un hombre paciente. Paciente hasta el extremo. Su triunfo no llegó en la juventud ni en la madurez temprana, sino cuando ya había aprendido a observar, a escuchar y a resistir. Tal vez por eso su comedia, tan desbordante en apariencia, estaba construida con una precisión milimétrica.

Cuando el cine francés lo convirtió en emblema nacional, pocos recordaban —o sabían— que aquel icono tan marcadamente galo había nacido en el seno de una familia española emigrada. Hijo de un abogado sevillano y de una mujer gallega procedente de Ortigueira, Louis de Funès creció entre dos culturas y una constante sensación de provisionalidad. El fracaso económico de su padre y el desarraigo marcaron una infancia en la que la disciplina y la austeridad eran más una necesidad que una elección.

Durante años, su vida transcurrió lejos de los focos. Tocó el piano en bares de Pigalle, trabajó como camarero, dibujante y escaparatista. Aquellas noches interminables, rodeado de clientela imprevisible y ambientes ásperos, fueron una escuela involuntaria de ritmo y observación. Allí nació su oído para la cadencia del gag y su capacidad para convertir el gesto mínimo en detonante cómico.

Tampoco su vida sentimental encajó en el relato idealizado que acompañó a su fama. Un primer matrimonio temprano, un hijo apenas mencionado durante décadas y un divorcio silenciado formaron parte de una biografía cuidadosamente recortada. Fue durante la ocupación alemana cuando apareció la figura clave de su vida: Jeanne Barthélémy de Maupassant. Más que esposa, fue brújula profesional. Supo leer antes que nadie el potencial de aquel actor nervioso y volcánico, y orientó su carrera hacia papeles donde su exceso encontraba sentido.

El éxito, cuando llegó, lo hizo con una contundencia casi violenta. En los años sesenta, Louis de Funès se convirtió en un fenómeno popular sin precedentes. Sus películas arrasaron en taquilla, las sagas se multiplicaron y su rostro se volvió omnipresente. Durante décadas, millones de espectadores acudieron al cine para verlo perder los nervios, gritar, temblar y dominar la escena con una energía inagotable.

Sin embargo, fuera del plató buscaba el silencio. Se refugió en el castillo de Clermont, rodeado de naturaleza, donde cultivó rosas con la misma meticulosidad con la que construía sus personajes. Ese contraste definió al hombre: caos controlado en pantalla, orden casi obsesivo en la vida privada.

Murió en 1983, pero su figura permanece intacta. Español de origen, francés por adopción y universal por talento, Louis de Funès encarnó como pocos la paradoja del cómico absoluto: hacer del desarraigo una identidad y del esfuerzo invisible una risa inolvidable.



Comentarios

  1. De entre los actores "franceses" hay uno de padres españoles, Juan Moreno y Herrera-Jiménez, mas conocido como Jean Reno. Por cierto Louis de Funes, era un gran cómico.

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