LA PELICULA EN LA QUE TOM CRUISE FUE LA ULTIMA OPCION PARA SER SU PROTAGONISTA.
Antes de convertirse en un fenómeno cultural y en la película más taquillera de 1986, Top Gun fue un proyecto rodeado de dudas, rechazos y decisiones arriesgadas. El filme, dirigido por Tony Scott y producido por Jerry Bruckheimer, necesitaba algo más que cazas supersónicos para despegar: requería una estrella capaz de encarnar el vértigo, la arrogancia y la vulnerabilidad de un joven piloto al límite. Ese rostro acabaría siendo el de un Tom Cruise de apenas 23 años, aunque su llegada al papel de Maverick no fue ni inmediata ni sencilla.
La historia se sitúa en la prestigiosa academia Top Gun, donde la Marina estadounidense forma a sus pilotos de élite para enfrentarse a situaciones extremas, dominar máquinas imposibles y cruzar la barrera del sonido sin perder la sangre fría. Maverick destaca desde el primer momento por su talento natural y su tendencia a desafiar las normas, una combinación que lo convierte en una figura tan brillante como peligrosa dentro del escuadrón.
Paradójicamente, Cruise no estaba convencido del guion. Le parecía endeble, carente de peso dramático. Fue Bruckheimer quien encontró la forma de seducirlo: una visita a una base aérea, caminar entre hangares, ver despegar aviones reales y sentir el rugido de los motores. Aquella experiencia cambió su percepción. Poco después, el actor llamó al productor para confirmar que estaba dentro.
Antes de él, muchos nombres pasaron por la órbita del proyecto. Matthew Modine fue el más cercano a convertirse en Maverick, pero rechazó la oferta por considerar la película excesivamente militarista. Tom Hanks, Emilio Estevez, Patrick Swayze o Charlie Sheen también estuvieron en la lista. Este último acabaría protagonizando una parodia directa del filme, Locos del aire. John Travolta, por su parte, pidió un salario demasiado alto para una estrella que llevaba tiempo sin encadenar éxitos.
El rodaje no estuvo exento de obstáculos ni de situaciones insólitas. Tony Scott buscaba constantemente la emoción visual, incluso cuando eso implicaba costes imprevistos. En una ocasión, un comandante se negó a modificar la ruta de vuelo porque la maniobra suponía un gasto de 25.000 dólares. Scott, sin pensarlo dos veces, extendió un cheque y consiguió capturar un atardecer irrepetible.
La adaptación de los actores a los vuelos reales fue un auténtico suplicio físico. Todos acabaron vomitando en algún momento, incluido Cruise, que terminó completamente cubierto tras una brusca maniobra. Al aterrizar, el piloto se disculpó con él con una frase que parecía sacada del propio espíritu de la película: solo hay cuatro trabajos que merecen la pena en la vida.
Aunque muchos temían que el tono patriótico y militar alejase al público, ocurrió justo lo contrario. Incluso dentro del propio ejército surgieron críticas por detalles poco realistas, como la cantidad de insignias en las chaquetas de los pilotos ficticios. Tony Scott zanjó la discusión con una frase reveladora: la película no estaba pensada para pilotos de combate, sino para espectadores que nunca notarían esas diferencias.
La colaboración con la Marina fue clave. Sin su apoyo, el acceso a portaaviones, aviones y bases militares habría sido imposible. A cambio, la Armada introdujo cambios en el guion para proyectar una imagen más favorable, incluido el tratamiento de la muerte de Goose.
No todo fue celebración. El rodaje quedó marcado por la tragedia de Art Scholl, piloto acrobático que falleció cuando su avión cayó al Pacífico durante una maniobra. Nunca se recuperaron los restos. La película le fue dedicada como homenaje.
El impacto de Top Gun fue inmediato y duradero. Recaudó 360 millones de dólares partiendo de un presupuesto de apenas 15 millones, vendió cerca de 10 millones de copias de su banda sonora —pese a problemas de derechos con algunas canciones— y batió récords en el mercado doméstico. Más sorprendente aún fue su influencia real: las solicitudes para ingresar en la academia de pilotos aumentaron un 500%, y algunas expresiones nacidas en la película acabaron infiltrándose en la jerga aérea, hasta el punto de que hoy existen sanciones para los novatos que las usan creyendo que son auténticas.
Top Gun no solo convirtió el cielo en un espectáculo cinematográfico; redefinió la iconografía del cine de acción de los años ochenta y transformó a Tom Cruise en una estrella definitiva, impulsada por el rugido de los motores y la promesa de volar siempre un poco más alto.
Comentarios

Si yo me dedicara a esto del cine como director o productor, Cruise no sería la ultima opción, es que ni tan siquiera estaría en la lista de futuribles.
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