LA ACTRIZ QUE SUFRIO ACOSO RACISTA CUANDO SE UNIO AL REPARTO DE LA SAGA DE HARRY POTTER.
Durante años, el acoso en redes a intérpretes vinculados a grandes franquicias fue tratado como un daño colateral inevitable, una consecuencia incómoda pero asumida de la fama. Solo a partir de la pasada década, cuando casos ligados a universos como Star Wars o Marvel estallaron de forma pública y sostenida, comenzó a percibirse la magnitud real del problema. Sin embargo, ese hostigamiento llevaba mucho tiempo operando en la sombra, especialmente en sagas de alcance masivo como Harry Potter, donde la exposición mediática se convertía con frecuencia en un foco de ataques personales.La introducción de Cho Chang en la saga literaria de J.K. Rowling ya contenía todos los ingredientes para una reacción tóxica. Era el primer personaje asiático relevante del universo del Niño Mago, lo que colocaba a la actriz elegida en una posición de extrema vulnerabilidad frente a una parte del fandom. Aquella bomba de relojería estalló cuando Katie Leung fue anunciada como la encargada de dar vida al personaje en Harry Potter y el cáliz de fuego (2005).
Leung, actriz británica de ascendencia china, era entonces una completa desconocida. En pantalla interpretaba a la novia de Cedric Diggory y al primer gran amor frustrado de Harry Potter, un rol con peso emocional que se prolongaría, aunque con menor presencia, en La orden del Fénix. Fuera de ella, el impacto fue muy distinto: una avalancha de comentarios racistas e insultos que la actriz tuvo que afrontar sin red de protección, en una época en la que la industria aún no estaba preparada —ni dispuesta— a gestionar este tipo de violencia digital.
Con motivo de su participación en la cuarta temporada de Los Bridgerton, recientemente estrenada en Netflix, Leung ha recordado aquella etapa en una entrevista concedida a The Guardian. Sus palabras describen un proceso lento y silencioso de desgaste emocional. “Fue abrumador desde el principio”, confiesa, subrayando lo complicado que resulta estar bajo escrutinio público cuando todavía se está formando la propia identidad. La actriz reconoce que, en aquel momento, el rodaje suponía una vía de escape frente a una adolescencia difícil, sin ser consciente del impacto a largo plazo que tendría el acoso.
La curiosidad la llevó a buscar su nombre en Internet, una decisión que terminó por marcarla. Los ataques raciales se repetían y regresaban cada vez que su personaje reaparecía en la saga. Según explica, aquella experiencia influyó en su carácter, volviéndola más contenida, más vigilante de sí misma, y condicionando incluso sus decisiones profesionales. Leung percibe hoy ese periodo como un punto de inflexión que le impidió desarrollar una relación sana con la interpretación durante años.
Con el tiempo, la actriz ha conseguido redefinir su vínculo con el oficio. Sigue preocupándose por su trabajo, pero ya no lo concibe como un fin absoluto, sino como una parte de su vida. Una distancia que, paradójicamente, parece haberle permitido regresar a la interpretación desde un lugar más estable. Su presencia en Los Bridgerton funciona así no solo como un nuevo capítulo profesional, sino también como el recordatorio de una herida temprana que la industria tardó demasiado en reconocer.

Estas situaciones resultan muy tristes.
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