"KARATE KID" PASA A ENGROSAR EL ARCHIVO NACIONAL DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS.
"KARATE KID" PASA A ENGROSAR EL ARCHIVO NACIONAL DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE LOS ESTADOS UNIDOS.
Como cada año, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha vuelto a ejercer ese gesto silencioso pero decisivo: elegir un puñado de películas destinadas a perdurar. Obras que, por su peso cultural, histórico o estético, pasan a formar parte de un legado protegido para las generaciones futuras. No importa su antigüedad, su género o su condición de ficción o documental; el único requisito es que sean producciones estadounidenses y que expliquen algo esencial de su tiempo… o del nuestro.La nueva selección de 25 títulos dibuja un mapa tan heterogéneo como revelador. En él conviven grandes éxitos populares con obras de sensibilidad íntima, cine clásico con animación digital, memoria histórica y pura iconografía pop. Entre los nombres más reconocibles para el gran público destacan La cosa (1982), Karate Kid (1984), Clueless: Fuera de onda (1995), El show de Truman (1998), Los increíbles (2004) y Origen (2010). Para Christopher Nolan, esta inclusión supone un nuevo hito: es la tercera vez que una de sus películas entra en el registro, tras Memento y El caballero oscuro.
El listado también reserva un espacio destacado para títulos de marcado tono romántico, evocador o emocional, como Reencuentro (1983), Antes del amanecer (1995), Frida (2002), Las horas (2002) o El Gran Hotel Budapest (2014), películas que han sabido capturar estados de ánimo, vínculos humanos y épocas enteras con una sensibilidad muy particular.
Desde una perspectiva más histórica y social, sobresalen Tiempos de gloria (1989), centrada en la Guerra de Secesión y el papel de los soldados afroamericanos, y Philadelphia (1993), una obra clave en la representación del sida y la aceptación social de la homosexualidad en el cine mainstream de los años noventa.
La mirada al pasado es aún más profunda cuando se atiende a la presencia del cine mudo, con títulos como The Tramp and the Dog (1896), The Oath of the Sword (1914), The Maid of McMillan (1916), Una gran señora (1925), Gorriones (1926) o Ten Nights in a Barroom (1926), auténticas piezas arqueológicas del lenguaje cinematográfico. A ese clasicismo se suma la figura de Bing Crosby, representado por Navidades blancas (1954) y Alta sociedad (1956), dos hitos del musical clásico.
Completan la selección obras como Brooklyn Bridge (1981), Say Amen, Somebody (1982), The Wrecking Crew! (2008) y The Loving Story (2011), confirmando que el registro no responde a una única idea de cine, sino a una visión amplia y plural de lo que significa conservar la memoria audiovisual de un país.
Un recordatorio anual de que el cine no solo se ve: también se guarda, se protege y se transmite, como un relato colectivo que sigue creciendo fotograma a fotograma.

De entre las 25, 6 pertenecen al cine mudo y 2 al cine clásico. Pobre bagaje a mi modo de ver.
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