JODIE FOSTER FUE ATACADA DE NIÑA POR UN LEON QUE LE DEJO MARCAS EN EL CUERPO.
Antes de convertirse en una de las actrices más respetadas de su generación, Jodie Foster creció literalmente bajo los focos. En los años setenta, mientras Hollywood observaba cómo una niña pasaba de protagonizar anuncios de Coppertone a encabezar películas cada vez más exigentes, Foster se veía obligada a aprender demasiado pronto lo que significaba trabajar en una industria sin red. Aquella transición, paradójicamente, resultó más peligrosa en el cine familiar que en los títulos adultos que acabarían llevándola hasta Taxi Driver y una histórica nominación al Oscar.Su agenda infantil alternaba producciones de Disney con proyectos que exigían un tono más maduro, como Bugsy Malone, donde compartía pantalla con jóvenes gánsteres armados con pistolas de nata. Sin embargo, fue en Napoleón y Samantha (1972) donde vivió uno de los episodios más traumáticos de su carrera. La película, pensada como una aventura familiar, incluía animales reales y un reparto encabezado por una jovencísima Foster junto a un entonces desconocido Michael Douglas. Entre esos animales había gallos… y un león.
Décadas después, Foster sigue recordando aquel rodaje con una mezcla de lucidez y extrañeza. En una entrevista reciente con W Magazine, con motivo del estreno de Vida privada de Rebecca Zlotowski, confesó que todavía conserva “muchas cicatrices”, aunque ya no sean visibles. Tenía apenas ocho o nueve años cuando, tras finalizar una toma, el león la atacó sin previo aviso. El animal la levantó del suelo, la sacudió de lado a lado y finalmente la soltó, dejándole varias perforaciones en la cadera. No hubo cámaras rodando. Nadie grabó el momento.
El recuerdo que conserva es fragmentario, marcado por el shock. Foster relata cómo, al girarse, pudo ver al equipo técnico huir en todas direcciones, cargando con cámaras y material, como si escaparan del centro mismo del peligro. El adiestrador consiguió controlar al animal y, tras una orden, el león abrió la boca. Todo terminó tan rápido que, según ella misma reconoce, quizá no tuvo tiempo ni de sentir miedo.
Lo más desconcertante llegó después. Tras pasar por el hospital y recibir el alta, Foster regresó al plató para completar el rodaje. Disney siguió contando con ella en títulos como Viernes loco o El secreto de la pirámide, como si aquel incidente hubiera sido solo una anécdota más del oficio. Pero aún quedaba otro sobresalto pendiente.
En una escena posterior, su personaje debía aparecer acompañada por un gallo, otro de los animales de la película. El problema era que ese gallo no estaba acostumbrado a trabajar con aquel león en concreto. Foster percibió el peligro en una fracción de segundo: el animal giró la cabeza, se tensó, dio un paso. No esperó instrucciones. Lanzó el gallo y salió corriendo. Para ella, ese instante fue incluso más aterrador que el ataque inicial.
Así creció Jodie Foster: aprendiendo a sobrevivir entre cámaras, animales imprevisibles y rodajes que no siempre sabían proteger a una niña prodigio. Una infancia cinematográfica que, vista hoy, parece tan brillante como inquietante, y que explica por qué su madurez como actriz llegó mucho antes de lo habitual.

Pues menos mal que todo quedo en eso, el peor de estos casos que recuerdo se produjo durante el rodaje de "El gran rugido", también con leones como los gran protagonistas.
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