JAMES STEWART Y LOS PROBLEMAS DE ALOJAMIENTO EN SU VISITA AL HOTEL RITZ DE MADRID.

 JAMES STEWART Y LOS PROBLEMAS DE ALOJAMIENTO EN SU VISITA AL HOTEL RITZ DE MADRID.

Durante décadas, alojarse en el Hotel Ritz de Madrid fue un privilegio reservado a una élite muy concreta. Desde su inauguración en 1910, el establecimiento cultivó una imagen de exclusividad casi ceremonial, sostenida por normas no escritas que funcionaban como un filtro social tan eficaz como silencioso. Entre ellas, una de las más llamativas: actores, músicos y toreros no eran bienvenidos. La farándula, asociada a costumbres ruidosas y a una moral considerada poco edificante, quedaba fuera de un espacio pensado para aristócratas, diplomáticos y alta burguesía.

Ese delicado equilibrio se vio alterado a comienzos de los años cincuenta por una figura inesperada. No fue una estrella caprichosa ni un divo exigente quien quebró la tradición, sino alguien que supo jugar con las reglas desde dentro. Cuando James Stewart llegó a Madrid y solicitó una habitación en el Ritz, el personal del hotel reaccionó conforme al protocolo heredado: su condición de actor bastaba para negarle el acceso. La escena, según recoge la memoria popular, se resolvió sin aspavientos. Stewart escuchó la negativa con una sonrisa educada, más sorprendido que ofendido.

Lo que ocurrió a continuación convirtió el episodio en leyenda. En lugar de discutir o marcharse, el actor sacó de su cartera unas credenciales oficiales y explicó que no pedía la habitación como intérprete de Hollywood, sino como coronel del Ejército de los Estados Unidos. El desconcierto fue inmediato. El recepcionista trasladó el asunto a la dirección del hotel, que no tardó en rectificar: el veto jamás había alcanzado a los militares de alto rango. Stewart fue recibido con todos los honores.

Detrás del gesto no había ningún título honorífico ni una extravagancia propagandística. James Stewart había sido, y seguía siendo, un militar auténtico. Se alistó voluntariamente durante la Segunda Guerra Mundial en el momento más alto de su carrera cinematográfica, poco después de ganar el Oscar por Historias de Filadelfia. Piloto experimentado, insistió en ir al frente europeo y lideró misiones de bombardeo especialmente peligrosas a bordo de un B-24 Liberator. Su valor fue reconocido con condecoraciones y ascensos que culminaron en el rango de coronel.

Tras la guerra, permaneció en activo como reservista, compatibilizando su carrera en el cine con sus obligaciones militares. Legalmente, su rango seguía siendo válido, y aquel día en Madrid lo demostró con un orgullo discreto pero firme.

Con el tiempo, el episodio adquirió variantes —incluida la posible mediación de la embajada estadounidense—, pero el resultado fue el mismo: quien durmió en el Ritz no fue una estrella de cine, sino el coronel James Maitland Stewart. A partir de entonces, algo cambió. La llegada masiva de producciones internacionales a Madrid y la creciente presencia de Hollywood obligaron al hotel a revisar sus viejas barreras. Pronto nombres como Cary Grant, Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor o Richard Burton cruzaron unas puertas que antes se les habrían cerrado.

Paradójicamente, no fue el glamour del cine el que abrió esa grieta, sino la autoridad tranquila de un uniforme. El Ritz entendió entonces que el prestigio también podía venir de la mano de las estrellas, aunque quien lo señaló con mayor elegancia no fue un actor legendario, sino un coronel que, casualmente, también lo era.



Comentarios

  1. Es curioso, con el prestigio que daba para el hotel la presencia de una estrella de Hollywood y en cambio si que aceptaban a un militar. Que tiempos aquellos. 🤣

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