GUILLERMO DEL TORO Y DAVID FINCHER SALEN EN DEFENSA DE NETFLIX.

 GUILLERMO DEL TORO Y DAVID FINCHER SALEN EN DEFENSA DE NETFLIX.

Hollywood ha encontrado en Frankenstein algo más que una película: ha hallado una declaración de amor al cine hecha desde el artificio, la pasión y la fe en la creación artesanal. La nueva obra de Guillermo del Toro no solo ha cosechado nueve nominaciones al Oscar, sino que se ha convertido en un raro punto de consenso entre generaciones y sensibilidades muy distintas del cine estadounidense. Coppola, Scorsese, Cuarón o Margot Robbie no han escatimado elogios, hasta el punto de que esta última ha llegado a definirla como el gran trabajo de su autor.

A ese coro se ha sumado recientemente David Fincher, durante un coloquio organizado por Netflix, donde describió la película como “exquisita”. Pero su elogio iba más allá de lo puramente estético. Para Fincher, Frankenstein no es solo una obra bella, sino una película construida desde la artesanía, desde la expresión personal y el trabajo minucioso, una reivindicación de lo hecho a mano en una industria cada vez más dominada por lo inmediato.

Ese mismo encuentro sirvió para algo más ambicioso: replantear qué entendemos hoy por cine. Del Toro lanzó la pregunta clave —si el cine se define por el tamaño de la pantalla o por la dimensión de las ideas—, mientras Fincher respondía con una reflexión que apuntaba a lo esencial: ni la duración ni el formato son lo determinante. Lo que convierte una obra en “película”, según Del Toro, es la implicación colectiva, la sensación de que decenas de personas han entregado su energía a algo que el espectador puede percibir como experiencia compartida.

No es una conversación inocente. Ambos cineastas mantienen desde hace años una relación estrecha con Netflix. Fincher ha construido buena parte de su obra reciente dentro de la plataforma, desde House of Cards y Mindhunter hasta Mank o The Killer, defendiendo abiertamente el modelo y proclamando su confianza en él como futuro del medio. Del Toro, por su parte, adopta una postura más matizada: insiste en que Frankenstein está concebida para funcionar tanto en la intimidad del hogar como en la grandiosidad de una sala de cine, y evita dictar sentencias definitivas sobre el impacto cultural de este nuevo ecosistema.

Lo que subyace, en cualquier caso, es una realidad asumida con naturalidad: el cine ya no se define exclusivamente por un espacio físico, sino por la ambición de sus autores y por las condiciones que les permiten llevarla a cabo. Frankenstein emerge así como una obra puente, celebrada por la industria tradicional y nacida al calor de una plataforma que ha cambiado las reglas del juego.

Quizá el cine ya no se mida solo en metros de pantalla, pero sigue reconociéndose —cuando aparece— ese impulso inconfundible que lo convierte en algo más que contenido. Y en eso, al menos esta vez, Hollywood parece estar de acuerdo.



Comentarios

  1. Cuesta creer que dos reputados cineastas no defiendan abiertamente la exhibicion de peliculas en pantalla grande, seamos realistas no es lo mismo ver cine en un televisor tirando de los grandes de 75" o 100" que en una sala de cine. No hay color.

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