EL OJO CRITICO
GOOD BOY (2025)
REPARTO: SHANE JENSEN, ARIELLE FRIEDMAN, LARRY FESSENDER, STUART RUDIN, ANAY KRAWCHECK, HUNTER GOETZ
DIRECTOR: BEN LEONBERG
MÚSICA: SAM BOASE-MILLER
PRODUCTORA: IFC INDEPENDENT FILM COMPANY
DURACIÓN: 73 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Good Boy parte de una idea tan sencilla como poderosa: observar el terror desde un ángulo poco habitual y dotarlo de una sensibilidad distinta. La película apuesta por una perspectiva que, desde el primer momento, despierta curiosidad y genera una conexión emocional inmediata con el espectador. Esa elección narrativa no solo aporta frescura, sino que introduce una forma elegante de explorar el género sobrenatural sin recurrir constantemente a los códigos más previsibles.
Uno de los grandes valores del filme reside en su acabado técnico. La conjunción entre fotografía, iluminación, montaje, diseño sonoro y música crea una atmósfera sólida y envolvente, que acompaña con coherencia cada giro del relato. La puesta en escena está pensada para reforzar la experiencia sensorial, permitiendo que el terror se construya tanto desde lo visible como desde lo sugerido. Todo funciona en armonía para sostener una propuesta que, en términos formales, demuestra un notable cuidado y una clara intención artística.
Ben Leonberg firma una dirección inspirada, marcada por la imaginación y un concepto creativo que se distingue del resto. Su forma de filmar y de articular el punto de vista canino resulta especialmente ingeniosa, aportando una lectura emocional distinta y subrayando el vínculo entre humanos y animales como eje central del relato. En este sentido, Indy se convierte en el auténtico corazón de la película: su presencia es magnética y su entrenamiento, impecable. Cada plano que protagoniza transmite verdad, inocencia y una lealtad inquebrantable que eleva la carga emotiva del conjunto.
La película aborda, además, un abanico temático amplio que dialoga entre la realidad y lo fantástico. Conceptos como la amistad, el amor incondicional, la fragilidad humana, el miedo, la protección y el conflicto interno emergen de forma orgánica, apoyados por una metáfora que vincula lo sobrenatural con las enfermedades crónicas y el desconocimiento que las rodea. La oscuridad se convierte así en reflejo de la falta de atención y de las consecuencias emocionales y físicas que esta acarrea.
Sin embargo, donde la cinta muestra ciertas limitaciones es en el desarrollo del guion, especialmente en su tramo final. La reiteración de algunas secuencias y la ausencia de un golpe narrativo más contundente impiden que el potencial del planteamiento alcance su máxima expresión. Un giro más arriesgado o un desenlace con mayor impacto habrían elevado notablemente el conjunto.
A pesar de ello, Good Boy cumple con creces su propósito: es entretenida, emotiva y propone una experiencia distinta dentro del terror contemporáneo. Puede que no termine de explotar todas sus posibilidades, pero deja una huella sincera y un concepto memorable que invita a la reflexión, con ecos que recuerdan, en cierta medida, a propuestas como Presence de Steven Soderbergh. Una película imperfecta, sí, pero valiosa por su sensibilidad, su originalidad y su mirada poco común.


Siempre se ha dicho que los perros y los animales en general tienen como un octavo sentido en que perciben cosas que el ser humano no las capta, y de eso va la pelicula. Una pelicula en que los actores humanos están en un segundo plano y apenas podemos distinguir sus rostros, consigue mantener la intriga, pero al final te quedas como cuando empezó la peli.
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