EL WESTERN QUE BRAD PITT ODIA DE SU FILMOGRAFÍA POR SER CURSI.

 EL WESTERN QUE BRAD PITT ODIA DE SU FILMOGRAFÍA POR SER CURSI.

A mediados de los noventa, Brad Pitt ya era algo más que una promesa: se había convertido en una figura central del Hollywood comercial y prestigioso. Su rostro estaba asociado a títulos que definieron una época —Thelma & Louise, El río de la vida, Entrevista con el vampiro— y su nombre comenzaba a pesar tanto como su fotogenia. En ese contexto llegó Leyendas de pasión, una epopeya de aliento clásico que lo situaba en los paisajes indómitos de Montana y lo obligaba a medirse con un personaje emocionalmente más complejo de lo que aparentaba.

La película, dirigida por Edward Zwick, narra la historia del coronel William Ludlow y de sus tres hijos, cuyas vidas quedan marcadas por la guerra, la pérdida y el paso del tiempo. Desde el frente europeo hasta los años convulsos de la Prohibición, el relato acompaña a los Ludlow en su tránsito hacia la madurez, entre tragedias íntimas y un paisaje que parece absorber cada golpe del destino. Pitt encarna a Tristán, el hijo salvaje y errático, un papel que originalmente había estado en manos de Tom Cruise, quien terminó renunciando al proyecto por dudas sobre la psicología del personaje.

Paradójicamente, Pitt también estuvo a punto de abandonar. Durante una lectura de guion previa al rodaje, su incomodidad fue creciendo hasta el punto de que su agente contactó con el estudio para comunicar su intención de retirarse. El propio Zwick reconocería más tarde haber percibido esa tensión, y fue el productor Marshall Herskovitz quien logró convencer al actor de seguir adelante.

El rodaje no disipó las fricciones. Zwick y Pitt mantuvieron una relación marcada por el choque creativo, especialmente en las escenas que exigían una exposición emocional más cruda. El director insistía en mostrar la vulnerabilidad del personaje; el actor se resistía, condicionado por una educación donde los hombres reprimían sus emociones. Hubo discusiones públicas, momentos incómodos y silencios incómodos en el set, aunque ambos coincidieron en que nunca se trató de un conflicto personal, sino de una pugna artística.

Las discrepancias continuaron incluso en la sala de montaje. Pitt se mostró decepcionado al ver cómo se eliminaban escenas que, a su juicio, equilibraban la carga sentimental del film. Consideraba que el resultado final se inclinaba demasiado hacia la épica romántica, diluyendo la locura y la oscuridad de Tristán. Aun así, la película encontró el favor de la crítica y del circuito de premios: John Toll ganó el Oscar a la mejor fotografía, y tanto Zwick como Pitt fueron reconocidos en los Globos de Oro.

Con el paso del tiempo, el actor acabaría reconciliándose con aquel personaje turbulento. Admitió que, pese a todas las dudas, siempre supo que Tristán le pertenecía. Conocía sus heridas, sus silencios y su camino. El verdadero desafío, reconocería después, no fue interpretarlo, sino lograr que los demás vieran en él lo que él había entendido desde la primera lectura.



Comentarios

  1. Pese a su ambientación de western, es mas un drama, que por cierto a mi no me gusto demasiado, un film cuyo único atractivo era una bonita fotografía y la presencia de Anthony Hopkins.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario