EL WESTERN MODERNO QUE DESBANCO A "BAILANDO CON LOBOS" COMO EL MAS TAQUILLERO.

 EL WESTERN MODERNO QUE DESBANCO A "BAILANDO CON LOBOS" COMO EL MAS TAQUILLERO.

Durante años, el western tuvo un rey indiscutible. No vestía de negro ni disparaba con ironía, sino que avanzaba a caballo por paisajes abiertos, envuelto en una épica serena. Bailando con lobos no solo devolvió el género al primer plano, lo redefinió. Kevin Costner asumió un doble desafío al ponerse delante y detrás de la cámara y acabó firmando una de esas anomalías que Hollywood solo permite muy de vez en cuando: un debut como director convertido en fenómeno mundial.

La película se sostenía sobre decisiones poco habituales para su tiempo. El uso del lakota sin subtítulos condescendientes, la paciencia narrativa, la ausencia de cinismo y una mirada respetuosa hacia los pueblos indígenas marcaron una diferencia clara con el western clásico. Los paisajes de Dakota del Sur y Wyoming no eran un decorado, sino un personaje más, amplificado por la música de John Barry, que envolvía la historia con un tono melancólico y casi espiritual. El público respondió de forma masiva y la industria también: siete Oscar, una recaudación mundial que superó los 424 millones de dólares y un impacto especialmente fuerte en mercados como el español, donde el género llevaba años de capa caída.

Con cifras así, el trono parecía blindado. Pero el western nunca ha sido un territorio inmóvil. En 2012, Quentin Tarantino decidió entrar en ese mismo paisaje, aunque por un camino completamente distinto. Django Desencadenado no buscaba la contemplación ni el humanismo clásico, sino la provocación, la mezcla de géneros y la violencia convertida en espectáculo. El esclavo liberado que encarna Jamie Foxx no recorre el Oeste para entenderlo, sino para dinamitarlo, acompañado por un Christoph Waltz tan carismático como letal y enfrentado a un Leonardo DiCaprio en uno de los papeles más incómodos de su carrera.

Tarantino jugó con las reglas del spaghetti western, con Sergio Corbucci como referencia directa, y las pasó por su propio filtro: diálogos largos y afilados, estallidos de sangre coreografiados y una banda sonora que saltaba del soul al western europeo sin pedir disculpas. El resultado fue inmediato y contundente. Django Desencadenado se convirtió en la película más taquillera de su filmografía y alcanzó los 426 millones de dólares, una cifra que, por un margen mínimo, superó la de Bailando con lobos.

La diferencia era casi simbólica, apenas 1,8 millones de dólares. Tan pequeña que invita a relativizar el titular. Ajustando por inflación o atendiendo al número real de espectadores, la epopeya de Costner seguiría dominando el terreno. Pero en el lenguaje frío de los récords, Django se llevó la corona. Tarantino regresaría al género poco después con Los odiosos ocho, reafirmando que el western no estaba muerto, solo esperaba nuevas formas de ser contado.

Y así queda el duelo: dos películas, dos miradas opuestas y un mismo paisaje reinventado. Una ganó por sensibilidad y alcance cultural; la otra, por audacia y cifras absolutas. El Oeste, como siempre, sigue abierto a interpretación.



Comentarios

  1. Ambas no me gustaron nada, "Bailando con lobos" es puro aburrimiento y la de Tarantino me parece que destroza a uno de los personajes icónicos del western europeo. De ambas me quedaría la música.

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