EL OJO CRITICO
EL ULTIMO VIAJE A CASA (2025)
REPARTO: LUKE BRACEY, BRYAN BROWN, SUSIE PORTER, NICHOLAS HAMMOND, SHUBSHRI KANDIAH, CELIA MASSINGHAM, GREG McNEILL, DEAN McASKIL, ALISON McGIRR, SARAH FILIPPI, HARRISON GREEN, WARREN LYONS, EMILIE LOWE
DIRECTOR: BRUCE BERESFORD
MÚSICA: GEORGE ELLIS
PRODUCTORA: SCREEN AUSTRALIA
DURACIÓN: 97 min.
PAÍS: AUSTRALIA
A sus más de ochenta años, Bruce Beresford sigue demostrando que el cine clásico —entendido como atención al personaje, pulso narrativo sereno y mirada humanista— aún tiene mucho que decir. El último viaje a casa (2025) se inscribe con naturalidad en esa filmografía marcada por los desplazamientos físicos y emocionales, por personajes que avanzan hacia un destino inevitable mientras revisan, casi sin querer, lo que han sido.
La película arranca como una sencilla road movie: un hombre mayor emprende un último trayecto hacia su hogar de infancia tras recibir una noticia que lo obliga a enfrentar el final de una etapa vital. Sin embargo, Beresford nunca se conforma con lo anecdótico. El viaje pronto se convierte en un recorrido interior, en una suma de encuentros, silencios y recuerdos que van dando forma a un retrato melancólico, pero nunca derrotista, del paso del tiempo.
Uno de los grandes aciertos del film es su tono contenido. El último viaje a casa huye del sentimentalismo fácil y confía en los pequeños gestos, en las miradas y en los espacios vacíos. La puesta en escena es sobria, casi invisible, permitiendo que los personajes respiren y que el espectador se acerque a ellos sin sentirse manipulado. La fotografía, cálida pero desaturada, refuerza esa sensación de memoria difusa, de lugares que ya no son exactamente como los recordamos.
El guion, sin ser especialmente arriesgado, está construido con una elegancia clásica. Beresford entiende que no todo debe explicarse y que el peso emocional muchas veces reside en lo que queda fuera de plano. Algunos pasajes pueden parecer previsibles, especialmente para quienes conocen bien este tipo de relatos crepusculares, pero el director compensa esa familiaridad con honestidad y coherencia temática.
Destaca especialmente el trabajo interpretativo del protagonista, que sostiene la película desde la contención y la fragilidad, evitando el dramatismo excesivo y apostando por una humanidad cercana, reconocible. Cada conversación, cada parada en el camino, funciona como una pequeña pieza de un mosaico vital que se va completando sin prisas.
El último viaje a casa no pretende reinventar nada. Es, más bien, una despedida tranquila, una reflexión serena sobre el regreso, la memoria y la aceptación. Un cine que mira atrás con respeto y hacia adelante con la dignidad de quien sabe que el verdadero destino no siempre es un lugar, sino la paz con uno mismo.


La película está realmente bien, siendo un film que va a medio camino del drama y la comedia, tocando un tema muy actual en nuestra sociedad, el momento en que los hijos pretenden dirigir la vida de sus padres cuando se hacen mayores metiéndolos en esos presidios que son las residencias. Lo mejor Bryan Brown, lo peor son esos momentos donde el protagonismo son una serie de representaciones operísticas y todo aquello que tiene relación con la vida profesional del hijo de Bryan Brown en la ficción, claro que hablo como una persona que no disfruta con el bello canto.
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