EL DORMILÓN (1973)

 EL CINE DE LOS AÑOS 70


EL DORMILÓN (1973)
REPARTO: WOODY ALLEN, DIANE KEATON, JOHN BECK, MARY GREGORY, DON KEEFER, JOHN McLIAM, BARTLETT ROBINSON, CHRIS FORBES, SUSAN MILLER, LOU PICETTI, MEWS SMALL, PETER HOBBS, BRIAN AVERY, JERRY HARDIN
DIRECTOR: WOODY ALLEN
MÚSICA: WOODY ALLEN
PRODUCTORA: UNITED ARTISTS
DURACIÓN: 87 min.

En 1973, Woody Allen firmó su cuarto largometraje como director, un paso decisivo dentro de esa primera etapa creativa en la que el cineasta aún exploraba su identidad autoral a través del gag, la parodia y la comedia física. Escrita junto a Marshall Brickman y producida por Jack Grossberg, la película se rodó en distintas localizaciones de Colorado y California —desde Denver y sus alrededores hasta Bronson Caves, Carmen Valley y Santa Clarita— con un presupuesto modesto, estimado en unos dos millones de dólares. Se estrenó el 17 de noviembre de ese mismo año y obtuvo una nominación al premio del Sindicato de Guionistas (WGA) por su libreto original.

La propuesta se inscribe en una comedia de ciencia ficción que dialoga abiertamente con las modas del momento, pero lo hace desde una mirada irónica y burlona. Allen recupera aquí el humor físico del slapstick clásico, un lenguaje que remite de forma directa a los grandes maestros del cine cómico: Buster Keaton, Chaplin, Laurel y Hardy, los Hermanos Marx, Bob Hope, Jerry Lewis o Jacques Tati. Las referencias no son meros guiños, sino piezas integradas en la puesta en escena: la célebre escena del espejo evoca a Groucho y Harpo Marx; la cocina ultramoderna recuerda a Mi tío; la descongelación del protagonista dialoga con Un día en las carreras; y los enredos corporales y visuales remiten tanto a Keaton como a Chaplin.

La película no se limita a rendir homenaje al pasado, sino que también parodia el imaginario futurista contemporáneo. Allen juega con ecos de 2001: una odisea del espacio —incluida la voz del ordenador, idéntica en la versión original a la del HAL 9000 de Kubrick— para satirizar una sociedad dominada por la tecnología, la automatización y el consumo. La crítica alcanza a la comida rápida, con una proliferación absurda de franquicias, a la biogenética desatada, a la robótica doméstica y religiosa, a la clonación y a un mundo donde la comodidad ha anestesiado la conciencia colectiva.

En ese futuro aparentemente sofisticado, el cineasta detecta viejos males amplificados: la infelicidad persiste, el pensamiento crítico se diluye y el poder queda concentrado en manos de un líder autoritario. La sátira bebe tanto de 1984, de George Orwell, como del absurdo literario de La nariz, de Nikolái Gógol, mientras se permite caprichos cinéfilos, como un afectuoso guiño a Un tranvía llamado deseo y a la adaptación cinematográfica de Elia Kazan.

La música, de marcado tono jazzístico, refuerza el espíritu lúdico del conjunto y corre a cargo del propio Allen junto a su banda, The New Orleans Funeral Ragtime Orchestra. La fotografía, con un uso frecuente del zoom, potencia la comicidad visual, apoyada además en unos decorados especialmente elaborados que enriquecen el universo futurista. El montaje y la dirección mantienen un ritmo vivo, con pocas concesiones a la pausa, subrayando el carácter chispeante, mordaz e irónico del guion.

La película marca además la primera colaboración de Woody Allen con Diane Keaton, inicio de una de las asociaciones creativas más importantes de su filmografía. Vista hoy, se mantiene como una obra ligera, ingeniosa y claramente representativa del primer Allen: un cineasta todavía volcado en el gag, pero ya afilando una mirada crítica que, con el tiempo, encontraría formas más introspectivas.

Una comedia gratificante y entretenida que resume con precisión el espíritu juguetón y cinéfilo de una etapa fundacional en la carrera de Woody Allen.


Comentarios

  1. Muy divertidos y con unos diálogos mordientes, siendo igualmente un homenaje al cine cómico mudo.

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