EL CINE QUE VIENE... "HEEL" EL DEBUT EN EL CINE DE HABLA INGLESA DEL DIRECTOR JAN KOMASA.
Jan Komasa debutará en inglés con Heel, título con el que Magnolia Pictures lanzará en Estados Unidos —el próximo 6 de marzo— una película conocida internacionalmente como Good Boy. El director polaco, nominado al Óscar en 2019 por Corpus Christi, se adentra aquí en un terreno que pide riesgo, perversión y mala leche, pero del que acaba saliendo sorprendentemente domado.
La historia arranca con una promesa incómoda: Tommy, un joven hooligan acostumbrado a una existencia marcada por la fiesta, el alcohol y las drogas, despierta tras una noche de excesos encadenado en el sótano de una casa suburbana. Pronto descubre que ha sido secuestrado por Chris y Kathryn, un matrimonio tan disfuncional como obsesionado con “reeducarlo” y convertirlo, cueste lo que cueste, en un buen chico.
Stephen Graham y Andrea Riseborough lideran el reparto de este thriller con aspiraciones de comedia negra, una combinación de géneros que sobre el papel parecía ideal para explorar la violencia, el control y la hipocresía moral. Sin embargo, lo que debería incomodar o perturbar se queda en una superficie sorprendentemente pulcra.
Así se percibió también en su paso por la última edición de la Seminci de Valladolid, donde la película se presentó bajo su título original y donde tuve ocasión de verla: una propuesta tan poco creíble como todo el Universo Marvel de Sony. Y ese es, precisamente, su principal lastre, aunque no el único.
La falta de verosimilitud no afecta solo al suspense, sino que termina arrastrando también cualquier atisbo de drama o de comedia negra con colmillo. Heel parece pedir a gritos un tono más cruel, más incómodo, incluso más indecente, pero opta por una contención tan marcada que acaba resultando contraproducente.
Esa moderación constante la acerca peligrosamente a lo que podría ser el remake hollywoodiense, suavizado y para todos los públicos, de una película de Michael Haneke pensada para la sobremesa de los domingos. El resultado es un filme insípido, flácido e inocuo, incapaz de exprimir una premisa que no termina de colar ni siquiera en un festival como Sitges, donde este tipo de propuestas suelen encontrar refugio natural.
Heel tenía los mimbres para ser algo incómodo, retorcido y provocador. Pero al final se queda en una experiencia aséptica, sin nervio ni riesgo, que confunde corrección con profundidad y termina olvidando que, sin peligro, no hay verdadero suspense.

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