EL ACTOR AL QUE LE DIO UN TOQUE JOHN WAYNE POR ACEPTAR UN PAPEL DE EXTREMA DEBILIDAD.

 EL ACTOR AL QUE LE DIO UN TOQUE JOHN WAYNE POR ACEPTAR UN PAPEL DE EXTREMA DEBILIDAD.

Durante décadas, Marion Robert Morrison —el mundo lo conocería para siempre como John Wayne— encarnó una idea muy concreta de América. Rudo, implacable, casi pétreo, su figura se forjó a golpe de wésterns y miradas severas, de héroes que rara vez dudaban y jamás se quebraban. La diligencia, Centauros del desierto, Río Bravo o El hombre que mató a Liberty Valance no solo cimentaron una carrera, sino un arquetipo.

Wayne compartió pantalla con buena parte de la realeza de Hollywood: Maureen O’Hara, Robert Mitchum, Paul Fix o Kirk Douglas. Con John Ford encontró a su director esencial, aunque también supo entenderse con cineastas como Howard Hawks. Y fue precisamente junto a Douglas donde se tejió una relación peculiar, marcada por el respeto profesional y una profunda distancia ideológica.

Ambos coincidieron en títulos como Primera victoria (1965), La sombra de un gigante (1966) o Ataque al carro blindado (1967). Películas que consolidaron una camaradería funcional, suficiente como para que Wayne se permitiera algo poco habitual: dar un consejo —o más bien una reprimenda— a otro actor de su misma talla.

El detonante llegó en 1956 con El loco del pelo rojo. Kirk Douglas se había sumergido en la atormentada figura de Vincent van Gogh, adaptación de la novela de Irving Stone, construida a través de las cartas al hermano Theo. La interpretación fue celebrada y premiada con un Oscar y un Globo de Oro, pero para Wayne aquello era otra cosa muy distinta.

Douglas recordaría años después una proyección privada seguida de una cena informal. Wayne, con unas copas de más, lo llamó aparte. En la terraza, lejos del ruido, llegó el reproche: ¿cómo había aceptado interpretar a un personaje “débil y llorón”? Para el icono del wéstern, aquel tipo de papeles carecían de dignidad. Un actor, en su visión del mundo, no debía exponerse así.

Lejos de romper la relación, el episodio dejó al descubierto dos formas opuestas de entender el cine y la masculinidad. Douglas siempre habló de Wayne con franqueza y admiración profesional. En The Dick Cavett Show, en 1971, lo definió como uno de los actores más disciplinados con los que había trabajado: el primero en llegar al set, el que más horas acumulaba frente a la cámara. Apenas compartían cenas durante los rodajes y evitaban ciertos temas —la política, especialmente—, pero el respeto mutuo nunca se quebró.

Quizá ahí residía la paradoja: dos hombres que nunca pensaron igual, pero que se entendieron perfectamente dentro del cine. Uno defendía la fortaleza inquebrantable; el otro, la complejidad del alma humana. Y entre ambos, Hollywood, lo suficientemente grande como para contenerlos a los dos.



Comentarios

  1. Me encanta John Wayne, pero aquí y aunque fuera en privado, se tenía que haber mordido los labios, ya que Douglas realiza un gran trabajo.

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